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25.2.13
El icono del 1714
CRISTINA SAVALL / Barcelona
El pendón de Santa Eulàlia pintado entre 1581 y 1623 en óleo sobre seda, el célebre 'penó' (insignia) de la procesión de Corpus que hasta mediados del siglo XX se exhibía en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, se encuentra en una sala quirúrgica del Centre de Conservació i Restauració del Museu d'Història de Barcelona (Muhba).
Cinco especialistas en restauración de telas y de pinturas antiguas, dirigidos por Lídia Font, están realizando una intervención multidisciplinar para limpiar, estabilizar el deterioro del delicado tejido, garantizar la adhesión de la capa pictórica, quitar los barnices acumulados y recuperar los colores originales de este icono que en 1942 pasó a la custodia del Instituto Municipal de Historia de Barcelona, en la Casa de l'Ardiaca, hasta su reciente traslado al centro de conservación de la Zona Franca.
En una mesa con potentes focos en la tela se vislumbra una mujer joven, pintada de cuerpo entero, que en su mano derecha lleva un libro, y en la izquierda, una cruz. Santa Eulàlia aparece con más años de los que se atribuyen a su muerte siendo una niña de 13 años.
>>Lea el reportaje completo sobre el pendón de Santa Eulàlia en e-Periódico
El Periódico
12.12.12
Polémica por la bandera que debe presidir las ruinas de 1714 en el Born
El PP pide sin éxito que luzca el pendón de Santa Eulàlia; el gobierno de Trias (CiU) defiende instalar un mástil de 17 metros con la senyera.
Barcelona. (EFE y redacción).- La comisión de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona ha rechazado este martes una proposición del PP que pedía revisar el proyecto museístico del Born para convertirlo en centro de referencia de la historia de Barcelona "desde la objetividad y el rigor", puesto que según Àngels Esteller (PP) el proyecto actual hace apología independentista. La propuesta ha sido tumbada por los votos contrarios del gobierno de CiU y los de ICV-EUiA y UpB y la abstención del PSC.
Las palabras de Esteller han valido a Ciurana para preguntarse si hay más o menos independentistas tras la reforma educativa de Wert, y ha defendido que el proyecto del Born, que deja al descubierto las ruinas del 1714, se ha hecho "desde la objetividad y el rigor", además de afianzar la voluntad del Gobierno municipal de colocar una 'senyera' ante el antiguo mercado.
Esto último lo ha dicho después de que Esteller haya pedido al gobierno izar una réplica del pendón de Santa Eulàlia ante el Born acompañada de una placa con una orden de Rafael Casanova -que Ciurana no le atribuye a él- en la que se pedía derramar la sangre y la vida 'por su Rey, su honor, la patria y la libertad de toda España'.
Ciurana ha explicado que la bandera original de Santa Eulàlia, de finales del siglo XVI, ha sido rescatada del almacén que el Museu d'Història (Muhba) tiene en la Zona Franca y está siendo restaurada para que esté "bien presente" en la muestra del Born sobre el asedio del 1714, cuyos 300 años empezarán a conmemorarse el 11 de septiembre del 2013 con la apertura del centro cultural.
El grupo municipal del PSC se ha abstenido en la votación sobre el pendón y ha pedido que no haya ninguna enseña y que el futuro centro cultural no se convierta en una guerra de banderas.
Este noviembre salió a la luz que el Ayuntamiento de Barcelona ha encargado el proyecto para instalar una bandera gigante en la intersección del paseo del Born y la plaza Comercial, justo frente a la portada central del antiguo mercado, futuro lugar de culto de la Barcelona nacionalista. El mástil mediría 17,14 metros, emulando la fecha de la caída de la ciudad ante las tropas de Felipe V. El centro cultural prevé abrir puertas en próximo septiembre.
La Vanguardia
Barcelona. (EFE y redacción).- La comisión de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona ha rechazado este martes una proposición del PP que pedía revisar el proyecto museístico del Born para convertirlo en centro de referencia de la historia de Barcelona "desde la objetividad y el rigor", puesto que según Àngels Esteller (PP) el proyecto actual hace apología independentista. La propuesta ha sido tumbada por los votos contrarios del gobierno de CiU y los de ICV-EUiA y UpB y la abstención del PSC.
Las palabras de Esteller han valido a Ciurana para preguntarse si hay más o menos independentistas tras la reforma educativa de Wert, y ha defendido que el proyecto del Born, que deja al descubierto las ruinas del 1714, se ha hecho "desde la objetividad y el rigor", además de afianzar la voluntad del Gobierno municipal de colocar una 'senyera' ante el antiguo mercado.
Esto último lo ha dicho después de que Esteller haya pedido al gobierno izar una réplica del pendón de Santa Eulàlia ante el Born acompañada de una placa con una orden de Rafael Casanova -que Ciurana no le atribuye a él- en la que se pedía derramar la sangre y la vida 'por su Rey, su honor, la patria y la libertad de toda España'.
Ciurana ha explicado que la bandera original de Santa Eulàlia, de finales del siglo XVI, ha sido rescatada del almacén que el Museu d'Història (Muhba) tiene en la Zona Franca y está siendo restaurada para que esté "bien presente" en la muestra del Born sobre el asedio del 1714, cuyos 300 años empezarán a conmemorarse el 11 de septiembre del 2013 con la apertura del centro cultural.
El grupo municipal del PSC se ha abstenido en la votación sobre el pendón y ha pedido que no haya ninguna enseña y que el futuro centro cultural no se convierta en una guerra de banderas.
Este noviembre salió a la luz que el Ayuntamiento de Barcelona ha encargado el proyecto para instalar una bandera gigante en la intersección del paseo del Born y la plaza Comercial, justo frente a la portada central del antiguo mercado, futuro lugar de culto de la Barcelona nacionalista. El mástil mediría 17,14 metros, emulando la fecha de la caída de la ciudad ante las tropas de Felipe V. El centro cultural prevé abrir puertas en próximo septiembre.
La Vanguardia
16.10.11
Montjuïc recupera la 'senyera' de Companys
Conmemoración del aniversario del fusilamiento del president
J. RAMÓN GONZÁLEZ CABEZAS. BARCELONA
J. RAMÓN GONZÁLEZ CABEZAS. BARCELONA
La bandera catalana vuelve a ondear desde este sábado en lo más alto del castillo de Montjuïc, en el mismo lugar donde en 1936 fue colocada por el entonces president de la Generalitat, Lluís Companys, convertida en símbolo de resistencia y afirmación de Catalunya frente al golpismo y la reacción. La conmemoración del 71º aniversario de su trágico fusilamiento en la propia fortaleza que corona Barcelona, sirvió este martes para dar un paso más en la reparación política y moral de su figura y la restitución de la memoria de las instituciones democráticas de la II República. La brisa matinal del otoño acogió la espectacular senyera, de cinco por ocho metros y un mástil de quince.
"Esta bandera nos une a todos, con independencia de nuestras lenguas, sensibilidades e incluso de nuestros objetivos diferentes", afirmó en su alocución el president de la Generalitat, Artur Mas. Mas combinó austeridad litúrgica y énfasis patriótico en la tradicional ofrenda floral del Govern a la tumba del presidente mártir. El líder de CiU, acompañado del primer alcalde nacionalista de Barcelona, Xavier Trias, ofició la ceremonia cívica y política a la medida del momento y la situación, inevitablemente ligada al nuevo horizonte político que se perfila tras el 20-N.
En su línea habitual, el president hizo un llamamiento a la unidad de la ciudadanía para que Catalunya consiga en el futuro "sus grandes objetivos nacionales", y subrayó el potencial simbólico de la senyera como expresión de la existencia de una firme "personalidad colectiva".
La gran senyera de Companys se integró en el sky line de la Barcelona de la época como símbolo de la desmilitarización de la fortaleza y su devolución a la ciudadanía. Prácticamente era visible desde toda la ciudad, hasta que las tropas del general Franco la arriaron de su mástil tras la ocupación de la capital catalana, el 26 de enero de 1939. Companys fue fusilado en el Fossar de Santa Eulàlia, adosado al recinto, el 15 de octubre de 1940.
Pasados 71 años desde entonces, el castillo es hoy un pacífico mirador de Barcelona."Queremos que este castillo, que tantos disgustos nos ha dado, sea considerado suyo por todos los ciudadanos", dijo el alcalde Trias como anfitrión del acto, al que asistió el anterior president de la Generalitat, José Montilla, y los principales dirigentes de los partidos.
12.10.11
Montjuïc recupera la senyera de Companys
Gesto catalanista del alcalde Trias: el sábado izará en el baluarte de Santa Amàlia una réplica de la bandera de 1936
JAUME V. AROCA
Barcelona
El Ayuntamiento de Barcelona restituirá la bandera catalana de Lluís Companys en el castillo de Montjuïc el próximo sábado, setenta y cinco años después de que el president izara la senyera por primera vez en el mismo lugar y el mismo día en que se cumplirán setenta y un años de su fusilamiento en el foso de Santa Elena. Un gesto político relevante que apuntala el tono catalanista que Xavier Trias quiere dar a la gobernación de la ciudad, sean quienes sean los aliados de su gobierno en minoría. Un tono sin aspavientos, en línea con otro gesto simbólico, la lección de Joaquim Maria Puyal como pregonero de la Mercè. Un tono civil.
Xavier Trias da curso de este modo al acuerdo del pleno del Ayuntamiento de octubre de 2010, que decidió restituir la bandera del president Companys. Un iniciativa que llevó entonces al pleno el concejal Jaume Ciurana –hoy quinto teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona– y que fue aprobada por todos los grupos salvo el PP.
La bandera no tendrá las proporciones de la enseña española de la plaza de Colón de Madrid, instalada por el último gobierno de José Maria Aznar. La idea es otra: tendrá exactamente las mismas medidas que se cree que tenía la senyera izada por Companys: ocho metros por cinco, suspendida de un mástil de quince metros cuya instalación estaba ultimando ayer una brigada de trabajadores en el extremo norte del castillo, el más visible desde el llano de Barcelona.
La Comissió de la Dignitat ha sido la encargada de medir y encargar la bandera tomando como referencia la fotografía de La Vanguardia del 26 de agosto de 1936 cuando se publicó la portada reproducida en esta misma página. La bandera será entregada por esta organización al Ayuntamiento para que la coloque en el mástil que, como la senyera original, desaparecieron en el curso de la guerra.
El izado de la aquella primera bandera tuvo lugar días antes de la publicación de la fotografía en La Vanguardia, el domingo 23 de agosto de 1936. La Guerra Civil ya había estallado –de hecho, poco antes de este acontecimiento, en los fosos de Montjuïc habían sido fusilados dos generales insurrectos, Goded y Fernández Burriel– y la ciudad estaba embargada por un agitado clima político. La crónica publicada por La Vanguardia da cuenta de que la bandera simbolizaba la restitución del castillo a Barcelona, "la vieja fortaleza –relata el cronista en La Vanguardia– de las negras leyendas desde la cual se había combatido las libertades alentadas por el pueblo catalán".
El acto, presidido por Lluís Companys, flanqueado por diversos consellers de la Generalitat, tenía una claro color político: la mayor parte de las organizaciones que se adhirieron pertenecían a la órbita de ERC.
El castillo, pese a que ya en los años treinta había perdido todo sentido estratégico desde el punto de vista militar, mantuvo su espíritu bélico durante la guerra –cuando sirvió de prisión– y hasta la llegada de la democracia.
En 1960, Francisco Franco, en una de sus visitas a la ciudad, decidió entregarlo a Barcelona. Desde aquel año, Montjuïc ya figuraba como parte del patrimonio municipal pero su gestión seguía bajo la tutela militar a través de un patronato que presidía el capitán general de la región militar. Además, en la fortaleza se mantenía un destacamento militar.
Así siguió hasta 2007 cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decidió cumplir la promesa que él mismo había hecho en un mitin electoral en el Palau Sant Jordi en 2004. Entregó la gestión íntegra del edificio al Ayuntamiento de Barcelona con la única condición de que se constituyera un instituto internacional de estudios sobre la paz cuyo futuro, a día de hoy, sigue siendo incierto. Cuanto menos ya está claro que esta institución, en la que debía participar el ministerio de Defensa y la Generalitat, no se ha constituido formalmente y que ahora ya no cabe en los planes que el nuevo gobierno de la ciudad tiene para el castillo.
Esta última y definitiva cesión no fue fácil y contó en su momento con la abierta oposición del ministro de Defensa, a la sazón, José Bono que llegó a suscitar una singular guerra de banderas al imponer como condición a la entrega definitiva del edificio que en él siguiera ondeando permanentemente la bandera española. Un requisito que el ayuntamiento nunca llegó a aceptar como condición. Así las cosas, el castillo fue cedido definitivamente a la ciudad a través de una orden del Gobierno. Formal y públicamente nunca se ha hecho un acto de recepción del castillo.
La iniciativa de restituir la senyera, aprobada en el pleno del Ayuntamiento de octubre del año pasado se activó con la llegada del nuevo gobierno cuando el castillo quedó bajo la tutela del área de Cultura del Ayuntamiento que dirige Jaume Ciurana. En el anterior mandato, el baluarte dependía del área de Presidencia y estaba bajo la órbita del delegado, Ignasi Cardelús. Parte de las instalaciones que se querían habilitar para el centro de la paz se destinarán ahora al Memorial Democràtic, que carece de una sede formal tras el accidentado cierre de su centro de Via Laietana.
La Vanguardia
JAUME V. AROCA
Barcelona
El Ayuntamiento de Barcelona restituirá la bandera catalana de Lluís Companys en el castillo de Montjuïc el próximo sábado, setenta y cinco años después de que el president izara la senyera por primera vez en el mismo lugar y el mismo día en que se cumplirán setenta y un años de su fusilamiento en el foso de Santa Elena. Un gesto político relevante que apuntala el tono catalanista que Xavier Trias quiere dar a la gobernación de la ciudad, sean quienes sean los aliados de su gobierno en minoría. Un tono sin aspavientos, en línea con otro gesto simbólico, la lección de Joaquim Maria Puyal como pregonero de la Mercè. Un tono civil.
Xavier Trias da curso de este modo al acuerdo del pleno del Ayuntamiento de octubre de 2010, que decidió restituir la bandera del president Companys. Un iniciativa que llevó entonces al pleno el concejal Jaume Ciurana –hoy quinto teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona– y que fue aprobada por todos los grupos salvo el PP.
La bandera no tendrá las proporciones de la enseña española de la plaza de Colón de Madrid, instalada por el último gobierno de José Maria Aznar. La idea es otra: tendrá exactamente las mismas medidas que se cree que tenía la senyera izada por Companys: ocho metros por cinco, suspendida de un mástil de quince metros cuya instalación estaba ultimando ayer una brigada de trabajadores en el extremo norte del castillo, el más visible desde el llano de Barcelona.
La Comissió de la Dignitat ha sido la encargada de medir y encargar la bandera tomando como referencia la fotografía de La Vanguardia del 26 de agosto de 1936 cuando se publicó la portada reproducida en esta misma página. La bandera será entregada por esta organización al Ayuntamiento para que la coloque en el mástil que, como la senyera original, desaparecieron en el curso de la guerra.
El izado de la aquella primera bandera tuvo lugar días antes de la publicación de la fotografía en La Vanguardia, el domingo 23 de agosto de 1936. La Guerra Civil ya había estallado –de hecho, poco antes de este acontecimiento, en los fosos de Montjuïc habían sido fusilados dos generales insurrectos, Goded y Fernández Burriel– y la ciudad estaba embargada por un agitado clima político. La crónica publicada por La Vanguardia da cuenta de que la bandera simbolizaba la restitución del castillo a Barcelona, "la vieja fortaleza –relata el cronista en La Vanguardia– de las negras leyendas desde la cual se había combatido las libertades alentadas por el pueblo catalán".
El acto, presidido por Lluís Companys, flanqueado por diversos consellers de la Generalitat, tenía una claro color político: la mayor parte de las organizaciones que se adhirieron pertenecían a la órbita de ERC.
El castillo, pese a que ya en los años treinta había perdido todo sentido estratégico desde el punto de vista militar, mantuvo su espíritu bélico durante la guerra –cuando sirvió de prisión– y hasta la llegada de la democracia.
En 1960, Francisco Franco, en una de sus visitas a la ciudad, decidió entregarlo a Barcelona. Desde aquel año, Montjuïc ya figuraba como parte del patrimonio municipal pero su gestión seguía bajo la tutela militar a través de un patronato que presidía el capitán general de la región militar. Además, en la fortaleza se mantenía un destacamento militar.
Así siguió hasta 2007 cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero decidió cumplir la promesa que él mismo había hecho en un mitin electoral en el Palau Sant Jordi en 2004. Entregó la gestión íntegra del edificio al Ayuntamiento de Barcelona con la única condición de que se constituyera un instituto internacional de estudios sobre la paz cuyo futuro, a día de hoy, sigue siendo incierto. Cuanto menos ya está claro que esta institución, en la que debía participar el ministerio de Defensa y la Generalitat, no se ha constituido formalmente y que ahora ya no cabe en los planes que el nuevo gobierno de la ciudad tiene para el castillo.
Esta última y definitiva cesión no fue fácil y contó en su momento con la abierta oposición del ministro de Defensa, a la sazón, José Bono que llegó a suscitar una singular guerra de banderas al imponer como condición a la entrega definitiva del edificio que en él siguiera ondeando permanentemente la bandera española. Un requisito que el ayuntamiento nunca llegó a aceptar como condición. Así las cosas, el castillo fue cedido definitivamente a la ciudad a través de una orden del Gobierno. Formal y públicamente nunca se ha hecho un acto de recepción del castillo.
La iniciativa de restituir la senyera, aprobada en el pleno del Ayuntamiento de octubre del año pasado se activó con la llegada del nuevo gobierno cuando el castillo quedó bajo la tutela del área de Cultura del Ayuntamiento que dirige Jaume Ciurana. En el anterior mandato, el baluarte dependía del área de Presidencia y estaba bajo la órbita del delegado, Ignasi Cardelús. Parte de las instalaciones que se querían habilitar para el centro de la paz se destinarán ahora al Memorial Democràtic, que carece de una sede formal tras el accidentado cierre de su centro de Via Laietana.
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