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5.10.14

La bandera de Alas Rojas ya ha vuelto a casa



Desde este sábado una reproducción de la bandera de la escuadrilla republicana Alas Rojas, que operó en el aeródromo de Sariñena en la Guerra Civil, ya se expone en el Museo municipal La Laguna con el objetivo de ser la primera pieza de una muestra permanente que crezca con el paso del tiempo. Ése es el deseo que expresaba el promotor de la iniciativa y quien donaba la bandera al consistorio, Salvador Trallero, ya que “es un símbolo histórico de la villa”.

El aeródromo de Sariñena jugó un papel destacado en la historia de la aviación durante la Guerra Civil española gracias a su situación estratégica. Primero fue usado por republicanos y después por nacionales. La bandera original se perdió en la retirada y fue en los años 80 cuando la Asociación de Aviadores de la República hizo una réplica que se encuentra en un lugar preferente del Museo del Ejército del Aire en Madrid.

En el mundo aeronáutico, así como por parte de investigadores e historiadores, este hecho histórico es conocido. No tanto entre la sociedad, aunque poco a poco se va difundiendo gracias al libro de Alas Rojas de Sariñena Editorial publicado en 2006 y el documental del zaragozano Miguel Lobera de 2013. Para Trallero esto está inmerso en un gran proyecto de promoción del aeródromo y sus restos.

En este sentido, subrayaba que la peculiaridad de tener la única pista de aviación que se conserva hoy en día de la Guerra Civil, marca una diferenciación que puede ser fundamental a la hora de desarrollar un proyecto atractivo para el denominado turismo de guerra.

10.12.11

Recuperan la perdida bandera del Consejo de Aragón Antifascista



La bandera del Consejo de Aragón bajo el que se agruparon en 1936 y 1937 los antifascistas que hicieron frente a las tropas de Francisco Franco acaba de ser recuperada. Hasta ahora no se tenían evidencias físicas de esta enseña y sólo había referencias documentales.

Martxelo DÍAZ

Tras el Alzamiento franquista del 18 de julio de 1936, Aragón quedó dividido en dos partes. El oeste del país quedó bajo control de los fascistas con Zaragoza como capital, mientras que el este quedó en manos de los antifascistas, llegando a impulsar una de las más exitosas experiencias de comunismo libertario mediante la ocupación de tierras y su posterior colectivización.

En ese espacio libertario, tras una asamblea convocada en Burcharaloz, se creó en octubre de 1936 el Consejo Regional de Defensa de Aragón, también conocido simplemente como Consejo de Aragón, bajo la presidencia de Joaquín Ascaso, militante de la anarquista CNT, que mantuvo una tensa relación tanto con el Gobierno republicano español como con la vecina Generalitat de Catalunya.

Sin embargo, a comienzos de 1937 formaron parte también del Consejo de Aragón otras fuerzas que integraban el Frente Popular como Izquierda Republicana, UGT y el PCE, aunque la CNT mantuvo a Joaquín Ascaso como presidente, así como importantes consejerías como Orden Público, Información y Propaganda, Agricultura (la colectivización de las tierras era uno de los principales objetivos de esta institución), Trabajo, Transportes y Comunicaciones y Economía Abastos. Finalmente, el Consejo fue disuelto por el general comunista Enrique Líster en octubre de 1937 siguiendo órdenes del Gobierno de Juan Negrín, llevándose los anarquistas la peor parte, ya que 700 fueron detenidos en Aragón por las fuerzas republicanas, entre ellos los miembros del Consejo, que llegaron a ser acusados de «contrabando de joyas» por las autoridades republicanas. Ascaso permaneció preso durante 38 días en la cárcel de Sant Miquel de Reis, cerca de València, hasta que logró huir al Estado francés y posteriormente exiliarse en América Latina, muriendo en Caracas en 1977.

El Consejo de Aragón contaba con una bandera propia, diferente de la utilizada por la República española, y que era empleada en los actos oficiales de la institución. Tras su disolución y la toma franquista del este de Aragón, la enseña desapareció, dándose por perdida. Únicamente existían referencia documentales de la enseña.

75 años después, el coleccionista catalán Rubén Martínez la ha recuperado y la presentó en Casp, la antigua sede del Consejo, en el marco de un ciclo de mesas redondas sobre 1936. Martínez la adquirió en un anticuario, según explica Valentín Cazaña en el diario digital en aragonés «Arredol».

Tras descartar que se tratase de una bandera catalana, Martínez se puso en contacto con los historiadores aragoneses Amadeo Barceló y Agustín Martín, llegando a la conclusión de que se trataba de la bandera del Consejo de Aragón.

Banderín de coche

La enseña, presentada en Casp el 19 de noviembre, es un banderín de coche, presumiblemente perteneciente al vehículo oficial de Ascaso y tiene la inscripción «cojida (sic) en Caspe el 17-3-1938», por lo que la hipótesis más probable es que fue incautada por las tropas franquistas tras la toma de la capital del Consejo de Aragón y perdida hasta que fue recuperada por Martínez.

Según explica Javier Vilchez en la versión digital «La Comarca», en su reverso tiene los colores de la República española y en su anverso pueden verse las barras aragonesas y tres lienzos que recogen los colores de las fuerzas antifascistas: el rojo y negro de la CNT, el rojo de la UGT y el PCE y el morado del Frente Popular.

En cuanto al escudo que aparece es el del Consejo de Aragón, que fue descrita por primera vez en el número tres del periódico «Nuevo Aragón» con fecha de 23 de enero de 1937. Está integrado por cuatro cuarteles. El primero de ellos representa al Pirineo y al Alto Aragón. En el segundo puede verse un olivo que simboliza el Bajo Aragón, mientras que el tercero representa a la provincia de Zaragoza a través de un puente y el río Ebro. Por último, en el centro del escudo de la bandera con un fondo rojo, se ven unas cadenas rotas que simbolizan «la liberación que supone el gobierno del Consejo de Aragón sobre un nuevo Aragón que renace. Este renacimiento es representado por un sol resplandeciente», según recogía la descripción realizada en el periódico «Nuevo Aragón» en 1937.

7.4.09

Banderas de guerra

Ignasi Aragay

Las imágenes más agradecidas y menos trágicas de la Guerra Civil, lejos del dramatismo y realismo fotográfico, han sido siempre los carteles de propaganda política, especialmente los del bando republicano, de una rompedora estética vanguardista. Los carteles llenaron calles de pueblos y ciudades con sus llamamientos y han sido objeto de publicaciones y exposiciones en cualquier parte del mundo. Mucho menos conocida, en cambio, es otra presencia igualmente simbólica y colorista, la de las banderas. Lo es menos porque se han conservado pocas. Y seguramente porque no tienen tanto de valor artístico. Pero sí que tienen de sentimental y testimonial. Hoy en día ya son piezas de museo.

Así lo cree, al menos, el anticuario Josep M. Farré, que en los últimos meses ha reunido un centenar de banderas de este convulso periodo de la historia catalana. Primero llegó una a sus manos. Fue en septiembre del 2008. Se interesó, y tirando del hilo resultó que detrás había una auténtica colección.

Escondidas tras un armario

No está del todo claro de dónde han salido. "Me gustaría que hubiera una historia romántica detrás, pero no es el caso". Es decir, no hay ningún héroe que las haya salvado, o al menos no se lo conoce. "Por lo que me han explicado, salieron de una antigua fábrica de telas para barcos que durante la guerra fue colectivizada y pasó a fabricar banderas. Cerrada a comienzos del franquismo, se reconvirtió en almacén de recambios para coches. Y ahora, al cerrar el taller, se ve que tras unos muebles aparecieron un montón de cajas con las banderas", explica Farré.

A partir de aquí, se supone que alguien sacó al mercado las banderas en pequeñas dosis. Lo que ha hecho Farré ha sido volver a reunir la colección. "Incluso contraté a alguien para que les siguiera la pista y me las fuera consiguiendo", dice el anticuario, que prefiere no revelar el coste de la operación. En cualquier caso, no lo ha hecho por dinero, aunque tampoco quiere perder. Su intención seria venderla a una institución catalana, pero por el momento el Museo de Historia de Catalunya, que era su destino más lógico, le ha dado calabazas. Le ofrecían comprar algunas, pero Farré considera que se debe mantener el conjunto unido.

Se trata de un fondo muy diverso, en el que hay prácticamente de todo, con una excepción: faltan banderas de los grupos anarquistas. En cuanto al resto, un se puede hacer muy la idea de la politización y militarización de la sociedad catalana durante la guerra, con un auténtico estallido de grupos revolucionarios y de izquierdas, así como la movilización ciudadana: las banderas identifican desde sindicatos de panaderos hasta sociedades de esperanto, desde partidos como ERC, la JSU e Izquierda Republicana hasta la Unió de Rabassaires y los grupos de defensa pasiva, desde compañías del ejército republicano a grupos de las Brigadas Internacionales, la Cruz Roja y Defensa de Costas.

En fin, muy variado y colorista. Predominan el rojo y amarillo de la senyera, y también tienen mucha presencia los colores republicanos (rojo, amarillo y violeta). El rojo comunista es igualmente presente, y se hace igualmente ver la estrella de la estelada.

"Me atrevería a decir que es una colección muy guapa y única: no creo que vuelva a salir nunca jamás nada así", aventura Farré, que por cuestiones económicas ha decidido no seguir adquiriendo y renunciar, por ejemplo, a un grupo de pancartas que también formaban parte del lote. "Tanto que hemos ido tras los papeles de Salamanca y ahora que aparece esto la administración catalana parece dispuesta a dejar pasar la oportunidad. No lo entiendo". Personalmente, a Farré le habría hecho gracia que saliera alguna bandera de Borges Blanques, su localidad de origen, donde, como es sabido, se adoraba el presidente Francesc Macià, que también provenía de allí. Hay de muchas ciudades y pueblos, pero no del suyo. Por ejemplo, hay una bandera de ERC de una agrupación Macià de Figueres.

Viajarán a Madrid?

La Guerra Civil Española ha dado infinidad de bibliografía y una cantidad igualmente ingente de imágenes. No en vano, fue un laboratorio para los medios de comunicación de masas, que proliferaron. Adelantada del enfrentamiento entre fascismo y democracia que después tendría una trágica continuidad con la Segunda Guerra Mundial, despertó el interés internacional. Los primeros grandes fotoperiodistas se foguearon en los campos de batalla y en la retaguardia de las tierras catalanas y españolas. Las imágenes de Gernica impactaron al mundo y Picasso inmortalizó aquel dramático bombardeo con un cuadro que pronto se hizo mundialmente famoso y que hoy se conserva al Museo Reina Sofia de Madrid, donde también podrían ir a parar las banderas reunidas por Farré si ninguna institución o partido catalán no se espabila. Es sabido que en Madrid, donde van mejor de presupuesto, pagan bien.

En fin, durante la Guerra Civil, los artistas se abocaron al cartelismo, de mucha calidad en el bando republicano. Las maquinarias de propaganda de uno y otro bando se entregaron a una guerra paralela, igualmente decisiva de cara a la opinión pública mundial. André Malraux escribió L' Espoir. Y todo esto produjo un universo de imágenes extraordinario en el cual el mundo de la vexilologia no tenía prácticamente lugar. Quizás a partir de esta notable y variada colección, las historias de la Guerra Civil podrán hacer ondear también las banderas.

Avui (versión original en catalán; traducción José Manuel Erbez)

19.3.08

Una bandera roja para la reconciliación

PALOMA CERVILLA/ ÁNGEL MARÍN. MADRID/BARCELONA.
Vivió la contienda de la Guerra Civil y no entiende que ahora,más de setenta años después, se quiera reescribir esa negra página de la historia de España con una «versión parcial y sesgada de la memoria histórica». Precisamente por eso y porque quiere contribuir a dar un ejemplo de reconciliación a las nuevas generaciones, el abogado madrileño José Antonio Dávila García-Miranda ha desempolvado sus recuerdos.
Y esos recuerdos se encuentran en una pequeña caja de cartón, envueltos en papel de estraza. Dos banderas enfrentadas, una, la más significativa y con mayor valor histórico, porque estuvo en el frente, la enseña de combate de la «Secció Crup Sabadell del POUM». Una bandera que le regaló a los once años su tío, el capitán de Infantería del Ejército Nacional Antonio Dávila, en 1937, después de hacerse con ella en una acción de guerra en el frente catalano-aragonés. La segunda bandera corresponde al desfile de la Agrupación de Falanges de Aragón, de 1937.
Infancia
No había vuelto a reparar en ello, después de que durante su infancia en tierras castellanas la enseñara como botín de guerra a sus amigos. Aquellas telas alimentaron los sueños del entonces adolescente hasta el punto que a los 17 años se apuntó en una Centuria de Montañeros del Frente de Juventudes de Aragón. Durante la milicia universitaria llegó a alferez de Infantería de Complemento.
Pero este abogado madrileño de 81 años nunca olvidó lo que su tío le regaló y, precisamente, después de leer en ABC la entrevista con Wilebaldo Solano, ex secretario general del POUM, abrió la caja de sus recuerdos y pensó que, lo mejor que podía hacer, era donar la enseña de combate a la Fundación Andreu Nin. «No pido nada a cambio, sino que la reciban en señal de reconciliación y como homenaje a las víctimas de un lado y de otro y de desprecio por los asesinos de un lado y de otro», comenta José Antonio Dávila a ABC, mientras vuelve a doblar su bandera en la vieja caja en la que ha permanecido tantos años.
La donación generosa de este símbolo de la contienda responde a su preocupación «por el destino de los símbolos que tienen un valor histórico. Una bandera que ha estado en el frente, se merece respeto y me parece más digno, y un acto de justicia, entregar esta bandera a quienes puedan y sepan guardarla con respeto y cariño». A cambio de su gesto altruista, el veterano falangista sólo pide poder conversar unos minutos con el ex secretario general del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) para compartir la historia de España y, sobre todo, preguntarle si conoció a su otro tío, el hermano de su madre, que era un personaje importante de la CNT catalana. A la caída de Barcelona, el capitán de infantería de los «rojos» José María García-Miranda se refugió en Francia y los alemanes lo encarcelaron en Dachau, de donde salió en 1945 con tan sólo 29 kilos de peso. «Tan sólo quiero saber si lo llegó a conocer en el exilio», dice el abogado que, como la mayoría de españoles, tenía una familia dividida entre ambos lados de la Guerra Civil.
Esta división que tanto dolor produjo durante la contienda es quizás uno de los sentimientos que ha llevado a José Antonio Dávila a donar la bandera, en un momento en que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quiere volver a revivir esta trágica historia. «Es una gran equivocación avivar los rencores de nuestra guerra, que ya estaban dormidos», comentan este abogado falangista, que recuerda que «hubo asesinos en los dos lados y víctimas en los dos lados y no se puede resucitar el pasado». Él lo tiene claro, «son maniobras electorales para captar votos».
Con la experiencia que le respalda, al haber vivido la contienda en primera fila, José Antonio Dávila denuncia el maniqueísmo con el que se está ahora presentando la historia de la Guerra Civil. «Me parece hasta cierto punto bien que se den ayudas para la recuperación de los desaparecidos, pero no es bueno el maniqueísmo con el que se presenta la historia en la que los buenos eran los republicanos y los malos los nacionales. Es demencial cómo se está haciendo», comenta. Además, califica de «irresponsable» que «se vaya en contra de la verdadera memoria histórica, que es la de los dos lados. Sólo se quiere dar una versión parcial y sesgada de la memoria histórica».
Aunque se considera un hombre de derechas «en lo moral y religioso», se siente de izquierdas «en lo social» y critica «la Falange absurda de hoy, que se ha quedado sólo con la parafernalia exterior. Nuestros enemigos eran, entonces, la derecha y los carlistas». Igualmente, reconoce que «noto más sectarismo en la izquierda que en la derecha porque el que pierde conserva más tiempo el sectarismo».
Entusiasmo en el POUM
La noticia de la donación de la bandera de combate de los poumistas de Sabadell fue recibida con entusiasmo por parte de Pello Erdoziain, secretario de la Fundación. «Será enmarcada y expuesta en un pequeño museo, junto a otros documentos y legados de antiguos militantes poumistas, que instalaremos en un local municipal», apunta Erdoziain. La Fundación Andreu Nin está negociando con el Ayuntamiento de Barcelona la cesión de un espacio de la ciudad para instalar el futuro centro de documentación del POUM que, añade Erdoziain, estará «abierto a investigadores e historiadores de todo el mundo».

ABC