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10.8.10

El Pendón Real de Ceuta

An tonio Guerra

Los símbolos más emblemáticos de una nación, de una región o de un municipio, son aquellos que representan sus valores, historia, cultura, idiosincrasia, formas de ser y de sentir; mediante los cuales el grupo humano al que pertenecen se identifica, se distingue o diferencia de los demás, y también aglutinan en torno a ellos a sus ciudadanos, en los que crean un sentimiento de pertenencia y de unión.

Los símbolos nacionales por excelencia son la bandera, el himno nacional, el escudo, el estandarte o pendón, etc. Pues bien, el término “pendón”, procede del latín “pendere”, que significa estar colgado. Y viene a ser una especie de estandarte o bandera que se comenzó a utilizar como distintivo, emblema, señal o insignia desde la Edad Media. En el Cantar del Mío Cid se hace ya referencia a cómo D. Rodrigo, “El Campeador”, llevaba en su compañía 60 caballeros y 300 lanzas portando todas pendón. En la Baja Edad Media se empezaron a conceder por los reyes pendones concejiles. Y luego estaba el Pendón Real, que representaba al rey o al reino, y portarlo y exhibirlo constituía timbre de honor, independencia, fortaleza y orgullo nacional. No había nada más glorioso que tremolarlo como signo de victoria, bravura y valor, ni nada más deshonroso que perderlo en la batalla. Los españoles, con la reciente victoria de la Selección Española en el Campeonato del Mundo de Fútbol, parece como si nos hubiéramos quitado el complejo a utilizar nuestra bandera nacional, que para otros países tanto valor y tan hondo significado representa su propia enseña.
A todos esos valores y profundo significado que cualquier pendón en general representa, en el caso concreto del Pendón Real de Ceuta, tiene como gran valor añadido histórico ser uno de los símbolos más preciados del rico patrimonio histórico, artístico y cultural que los portugueses nos legaron, porque fue, en primer lugar, bordado por la reina portuguesa Dª Felipa de Lacanster, con especial amor de esposa y con tierno cariño de madre, para que acompañara y guiara al rey D. Juan I, sus hijos los Infantes D. Duarte, D. Pedro y D. Enrique y a su pueblo en la conquista de Ceuta en 1415. Y, una vez que la toma de la ciudad llegó a buen fin, se quedó en la ciudad depositado como símbolo de victoria, fortaleza, identidad y unión de los portugueses que aquí quedaron encargados de su defensa, transmitiéndose luego, con tracto sucesivo, de generación en generación a todos los ceutíes que desde entonces y hasta ahora han habitado Ceuta.
Pero es más, tiene todavía otro valor real que lo hace ser un rico y simbólico tesoro histórico, cual es que cuando en 1578 falleció en la batalla de Alcazarquivir el Rey Sebastián, Felipe II había ordenado a D. Alvaro de Bazán que vigilara en el Estrecho las posibles represalias contra la ciudad, que pudieran conducir a su pérdida. No fue necesario; y, así, cuando se produjo el fallecimiento del Cardenal D. Enrique en 1580, el ya Rey Felipe I de Portugal (Felipe II de España) pudo mandar al Corregidor de Gibraltar a tomar posesión de Ceuta, tremolando el Pendón Real que hoy día se conserva, con las armas de España por una cara y las de Portugal por la otra, en un hermanamiento que impregna la historia y los sentimientos de los ceutíes. O sea, que el mismo rey Felipe II tuvo especial empeño en 1581 en que el Pendón Real continuara siendo símbolo emblemático de Ceuta, si bien, por un lado, mantuvo las armas de Portugal y, por el otro, le agregó las de España, como símbolo de unión. De ahí su doble entronque hispano-luso. Y ello quiere decir que pocos pendones reales cuentan con tan hondo significado y con la riqueza histórica que tiene el de Ceuta.
El Pendón Real estuvo depositado primeramente en la antigua Ermita o Convento de Santiago, que fue aula de la Universidad o Almadrasa árabe. En 1569, al ocupar los Trinitarios dicho edificio, lo tuvieron a su cargo. Según refiere el escribano D. Ramón Blanco Cartagena: “En la época constitucional, 7 de marzo de 1820 a 1823, desapareció el Convento del Real Colegio de la Santísima Trinidad, pasando el Pendón que se encontraba en dicho Convento al Ayuntamiento. Al abolirse el Antiguo Régimen, el 2 de febrero de 1824, se hizo cargo el Rvdo. Padre Francisco Jesús María, a quien el Ayuntamiento volvió a hacer depositario del Real Estandarte, después de ser llevado por el teniente coronel D. Pedro Carnicero, regidor juez de la ciudad, siendo escoltado por un piquete de granaderos del Regimiento del Príncipe y acompañado de los Cabildos, Oficiales de la Guarnición, Estado Mayor y pueblo”. Volvió a ser entregado en 1835 al Ayuntamiento para su definitiva custodia. Y en la actualidad, para preservar dicha reliquia, durante la procesión se saca una reproducción exacta de la original que se conserva en el Palacio Consistorial.
El Escudo del Pendón Real fue tomado como de la ciudad en el artículo 8 de las Ordenanzas Municipales, y sus blasones son: Escudo de plata y cinco escudotes de azur puestos en cruz y cargado cada uno de cinco bezantes de plata colocados en aspa y una gordura de gules cargada de siete castillos de oro, dos en jefe, dos en flanco, y tres hacia la punta, que es el escudo de Portugal. Sin embargo, el castillo de la punta no existe en esa situación, ya que el que hace el número siete se encuentra en la parte superior. En principio, se sacaba en las procesiones de la Concepción, Ángel Custodio, Remedios y Corpus Christi, así como en las proclamaciones de los reyes, porque la tremolación del pendón cuando accedía al trono un nuevo rey era antes signo de obediencia y unidad hacia al nuevo monarca.
El acto de la tremolación o alzamiento del Pendón consistía en sacar la bandera del Reino, Ciudad o Señorío por persona principal (Adelantado Mayor, Corregidor, Alcalde Mayor...) y tras declarar la muerte del monarca y proclamar al nuevo rey, batirlo al aire con la presencia de todo el pueblo. Por ejemplo, cuando en Ceuta se juró a Felipe V, el año 1700, se enarboló el Pendón Real y mientras se tremolaba desde el Palacio de los Gobernadores se gritó: ¡Real, Real, Real! ¡Viva Felipe V de Castilla y lV de Portugal! en un acto que trataba de afianzar la consideración de la ciudad como Portugal español que permanecía bajo el cetro de San Fernando.
En la actualidad el Pendón Real sólo sale en procesión en la fiesta del Corpus, siendo sacado por el comandante general de Ceuta que lo entrega al alcalde para que, portado por él y todos los miembros de la Corporación, dé escolta al Santísimo en su recorrido por la ciudad, rindiéndosele los honores (al Pendón) de capitán general, en virtud de lo dispuesto por Real Orden dictada el 10-07-1894, ratificada luego por la reina Regente, Dª María Cristina, en la minoría de edad de su hijo el rey Alfonso XIII, en cuya Real Orden se disponía: “Accediendo a lo solicitado por el Ayuntamiento en 23 de junio, el Rey y en su nombre la Reina Regente del Reino, ha tenido a bien ratificar los honores de capitán general tributados al Pendón o Estandarte Real de Ceuta, desde su reconquista por D. Juan I de Portugal”. En 1578 falleció en la batalla de Alcazarquivir el Rey D. Sebastián. Felipe II, como se ha dicho, ordenó a D. Álvaro de Bazán que velara por la españolidad de Ceuta. No fue necesario; y, así, cuando se produjo el fallecimiento del Cardenal D. Enrique, el ya Rey Felipe de España y Portugal pudo mandar al Corregidor de Gibraltar a tomar posesión de ella, cuyo acto simbólico se llevó a cabo tremolando el Pendón Real que hoy día conservamos.
El Reglamento de Ceremonial y Protocolo de Ceuta, que en su capítulo 1, artículo 5, regula el Pendón o Estandarte Real de Ceuta, dispone: “El Pendón o Estandarte Real de Ceuta ocupará un lugar preferente en el Salón del Trono del Palacio de la Asamblea en una vitrina acondicionada para su óptima conservación. Para evitar deterioros, se utilizará la réplica que, a tal efecto, dispone la ciudad. Sólo se hará uso de ella el día de la festividad del Corpus Christi, salvo circunstancias excepcionales que motiven su utilización, previo acuerdo del Consejo de Gobierno.
En la procesión del Corpus se seguirá el siguiente ritual respecto al uso del Pendón: El Presidente de la ciudad de Ceuta lo saca del Palacio de la Asamblea y, a la salida, en el exterior, tras saludar a la Bandera de España, se lo entregará al comandante general, rindiéndole Honores de Ordenanzas. Una vez se rindan los honores, correspondientes, se iniciará la procesión hacia la Catedral, portando el Pendón el comandante general, acompañando al presidente de la ciudad, seguido de la Asamblea, que desfilará corporativamente bajo mazas.
El presidente de la ciudad, acompañado del comandante general, entregará, según el orden protocolario establecido en este Reglamento, a los miembros electos de la Asamblea el Estandarte, portándose alternativamente durante todo el trayecto por los mismos. Finalizada la procesión se esperará la entrada de la Custodia a la puerta de la Santa Iglesia Catedral. Una vez dentro del templo, el presidente de la ciudad autónoma de Ceuta entregará el Pendón al comandante general quien lo trasladará de nuevo hasta el Palacio de la Asamblea, rindiéndole nuevamente Honores de Ordenanza, entregándolo al presidente de la ciudad que lo introduce en el Palacio, acompañado del comandante general y seguido por la Asamblea y autoridades presentes en el acto, desde cuyo balcón principal preside el desfile de las fuerzas que le han rendido honores, enarbolando el Estandarte durante el mencionado desfile”.

El Faro Digital

11.5.09

La bandera de Ceuta




Escrito por Francisco Olivencia
domingo, 10 de mayo de 2009

Hace algunas semanas dediqué mi colaboración dominical a recordar los orígenes de los títulos de Noble, Leal y Fidelísima que –con tanto orgullo como justicia- ostenta la ciudad de Ceuta. Hoy, la protagonista de estas líneas será nuestra bandera.
Si nos atenemos a la críptica descripción que de ella hace el artículo 3.1. del vigente Estatuto de Autonomía de la Ciudad, aprobado por Ley Orgánica 1/1995, la bandera de Ceuta “es la tradicional con cuatro triángulos blancos y cuatro negros alternos formados por las diagonales de los vértices del rectángulo y las perpendiculares al centro de los lados al mismo, comenzando el color negro por el triángulo comprendido entre el vértice superior izquierdo del rectángulo, el centro del mismo y el centro de su lado superior”. Con independencia de que en puridad, aunque no en el lenguaje común, el negro no es precisamente un color, sino la ausencia total de luz, es posible que un experto en heráldica (o quizás también en geometría) sea capaz de desentrañar esa especie de jeroglífico, pero cualquier profano que no sepa cómo es la bandera ceutí se quedará “in albis” ante tan abstrusa y complicada, aunque asimismo necesaria redacción.
Y ya que se ha traído a colación lo de la heráldica, parece ser que la definición más adecuada en cuanto a la división en ocho triángulos con colores alternados es la de “cruz de San Vicente”.
La primera entidad que utilizó en su emblema la alternancia del blanco y el negro en una cruz de San Vicente fue la Orden de Predicadores, fundada por el valenciano Domingo de Guzmán –Santo Domingo de Guzmán- en el año 1207. Los dominicos –pues así es como se les conoce- llevan hábito blanco, con capucha, y capa negra, circunstancia que explica la adopción de dichos colores para el símbolo de la Orden.
En 1415, cuando los portugueses conquistaron Ceuta, Portugal tenía escudo, pero, según dicen los tratadistas, carecía de bandera propia, por lo que más de un siglo antes habían comenzado a utilizar la cruz de San Vicente de los dominicos, posiblemente por el gran predicamento (nunca mejor dicho) alcanzado en aquel entonces por la Orden de Predicadores, entre cuyos miembros, además de su fundador, ha habido numerosos santos, entre ellos San Alberto Magno, su discípulo Santo Tomás de Aquino y el entrañable y milagroso San Martín de Porres, “fray Escoba”.
Así, las banderas que ondearon en las murallas y en el castillo de la Ceuta de 1415 inmediatamente después de ser tomada por los portugueses fueron dos: el Pendón bordado expresamente para la ocasión por la Reina Dª Felipa -esposa de D. Juan I- (que se custodia en el Palacio Municipal, habiéndosele incorporado tras 1640 las armas de Castilla) y la blanquinegra inspirada en el emblema de los dominicos.
Cuando Portugal tuvo bandera propia, la de la Cruz de San Vicente en blanco y negro quedó para ser la de su capital, Lisboa. Lástima que aquella primera bandera, la que portaban en 1415 las tropas de D. Juan I, no se haya conservado. Al menos, nos quedan su constante recuerdo en cada bandera de Ceuta y, además, el Pendón, todo ello como reliquias históricas y como referente de lo que hemos sido, somos y tenemos que seguir siendo.
Nuestra bandera blanquinegra es, por tanto, igual a la de Lisboa, pero la concatenación de los hechos nos lleva a situar sus antecedentes como tal enseña de Ceuta en fecha anterior al momento en que la capital portuguesa la adoptó para sí. No en balde era la que portaban los abanderados de D. Juan I cuando, hace ya casi seis siglos, desembarcaron en la costa ceutí.

El Faro de Ceuta (imágenes: Flags of the World)