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18.7.15

Lo que las banderas dicen sobre sus países



Phil Mercer BBC Culture

El de la bandera nacional es un diseño único que debe resumir la historia, geografía, cultura, política y religión de toda una nación.

Las guerras, revoluciones, uniones políticas y competiciones públicas han determinado los colores y los contenidos del más evocador de los símbolos patrios.

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Y representa un reto creativo de actualidad en el Pacífico Sur, donde Fiji prometió a su pueblo un nuevo emblema nacional libre de su pasado colonial y Nueva Zelanda lanzó una competencia para encontrar una bandera que refleje tanto a su moderna identidad multicultural como su rica herencia indígena.

Hasta este 16 de julio, el público neozelandés tenía la oportunidad de presentar sus ideas a un panel independiente compuesto de figuras prominentes del país que ayudarán a decidir cómo lucirá la nueva bandera.

Su objetivo es escoger cuatro diseños que participarán posteriormente en un referendo en noviembre.

Luego habrá un segundo voto obligatorio a comienzos del año próximo cuando el ganador competirá contra la actual bandera neozelandesa, que incluye la antigua bandera colonial británica sobre un fondo azul con cuatro estrellas rojas que simbolizan la constelación de la Cruz del Sur.

Se han inscrito miles de diseños para el concurso. Cada uno se estudiará individualmente, antes de que la larga lista sea reducida a las cuatro candidaturas finales
Nación de inmigrantes

Entre los participantes está la Bandera Koru, un diseño hecho en 1983 por el arquitecto y artista austríaco Friedensreich Hundertwasser, quien vivió intermitentemente en la nación del Pacífico Sur desde la década de los 70 del siglo pasado hasta su muerte en 2000.

Su diseño verdiblanco está basado en el tradicional koru maorí, una forma en espiral que representa la fronda nueva de un helecho.

Una de las personas que sugirió el diseño, Mike Summerfield, dice que la experiencia de Hunderwasser como inmigrante es fundamental.

"En términos de la historia global todo el mundo es un inmigrante reciente en Nueva Zelanda", apunta en la página de internet del gobierno donde se presenta el diseño de la bandera.

"La bandera koru de Hundertswasser está ligada a la historia del emigrante que hizo de Nueva Zelanda su hogar y le regaló a la nación un diseño que reflejó la cultura que vio aquí".

El artista e ilustrador neozelandés Otis Frizzell también basó su diseño en motivos tradicionales maorís.

Frizzel conservó la estrella de la Cruz del Sur en su osada propuesta, que tiene sus raíces en tres elementos principales: cielo, tierra y mar y tiene una tonalidad verde, negra y blanca.

"La Cruz del Sur es la primera cosa que notas. Es lo que lo que guió a todo el mundo hasta aquí desde los primeros colonos a los colonialistas. Es el punto de navegación que los trajo", señala.

"El color blanco en la bandera representa la larga nube blanca y también los picos blancos. Las formas verdes en la parte de abajo son nuestras montañas y las olas del océano verde. Para mí eso grita Nueva Zelanda".
Simpleza

En septiembre se llevará a cabo en Sídney, Australia, el 26 Congreso de Vexilología, un evento que cada dos años atrae expertos en banderas de todo el mundo.

El presidente del comité organizador de esta edición, Ralph Kelly, considera a las banderas como objetos de arte.

Su colección personal incluye los estandartes reales del káiser alemán y del shah de Persia, además de la bandera de Suazilandia, que tiene un gran escudo que "simplemente grita África y que significa algo", dice.

"Algunos de los diseños más inefectivos tratan de abarcar demasiado. El mejor enfoque es encontrar los elementos más importantes de un país al que intentas representar", agrega.

"La simpleza es la clave. El inconveniente es que tienes que dejar algo afuera. Es por eso que en última instancia conseguirás algo que complace a la mayoría, pero no a todo el mundo."

Sin embargo, algunas banderas son consideradas más atractivas que otras. Un ejemplo es la hoja roja de arce de 11 puntos de Canadá, que genera un amplio encanto entre los vexilólogos.

Es simple, llamativa e inmediatamente reconocible. Kelly considera que ha sido extremadamente efectiva en "reforzar una identidad nacional".

Sin embargo, no es el símbolo que representa a uno de los países más grandes del mundo el que agrada más a Kelly, sino la bandera que ondea sobre la república de menor tamaño de todas, una pequeña isla nación en el Pacífico Sur.

"Mi bandera favorita es la de Nauru, que es azul con una línea amarilla que atraviesa el centro y marca el ecuador, y una estrella grande de 13 puntos que representa a los clanes históricos de la isla. Dice que 'este es el lugar donde vivimos en el mundo'", apunta Kelly.
Carácter de una nación

Los motivos más comunes en el proyecto para escoger la bandera nacional neozelandesa son el helecho de plata y el kiwi, un pájaro de pico largo que no vuela.

Hace diez años el diseñador arquitectónico Kyle Lockwood ganó una competencia de banderas organizado por su periódico local en la capital de Nueva Zelanda, Wellington.

Lockwood entregó, con algunas modificaciones, el mismo diseño con miras al referendo de este noviembre con un helecho de plata en un lado y la Cruz del Sur en el otro con un vivido colorido rojo, blanco y azul.

Y Lockwood tiene seguidores en posiciones importantes. Su creación es la preferida por el primer ministro, John Key.

"El helecho de plata tiene resonancia con mucha gente en Nueva Zelanda. Ha sido nuestro símbolo desde por lo menos la década de 1880. Es identificado instantáneamente por todas las generaciones de neozelandeses dentro y fuera del país como nuestro verdaderamente único símbolo nacional", destaca Lockwood a la BBC.

"Es bastante difícil lograr representar a toda una nación sobre un pedazo de tela. Yo sí lo veo como una obra de arte y algo que debería representarnos a todos nosotros".

En última instancia una bandera debería definir el carácter de una nación. No se trata de un reto fácil, incluso en un país orgulloso tan pequeño como Nueva Zelanda.

5.7.15

¿Por qué son importantes las banderas?


El gran novelista francés Gustave Flaubert escribió la definición más célebre de las banderas: "Están tan manchadas de barro y sangre que deberían desaparecer de una vez". El autor de Madame Bovary redactó estas palabras en 1869, en una carta a George Sand, en el momento en que acababan de asentarse como símbolos nacionales.Muchos años y muchos conflictos después las banderas de nuestros padres siguen ocupando un papel gigantesco en la vida de las sociedades, a veces para incluir, otras para dividir. Flaubert se equivocaba: no han desaparecido, más bien todo lo contrario. Tras la matanza racista en una Iglesia de Charleston, Estados Unidos se ha visto inmerso en una polémica sobre la exhibición de la bandera confederada mientras que, en España, el hecho de que el líder socialista Pedro Sánchez presentase su candidatura a la presidencia de Gobierno con una gigantesca bandera española de fondo ha desatado de nuevo el nunca cerrado debate sobre la relación de la izquierda con la enseña nacional.

"Hay mucha semiótica escondida en el uso de las banderas que trabaja sobre el inconsciente. Triunfan porque es cierto que provocan grandes emociones en muchos países. Cuando la identidad está en peligro, uno se apoya en la bandera", explica José Enrique Ruiz-Domènec, catedrático de historia en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor, entre otros, del ensayo de referencia Europa. Las claves de su historia (RBA). José Manuel Erbez, bibliotecario en la Universidad de La Laguna y secretario de la Sociedad Española de Vexilología (la ciencia que estudia las banderas), explica por su parte que "a finales del siglo XVIII y principios del XIX nace la necesidad de identificar la nación con un símbolo y así surge la enorme carga simbólica de las banderas". "Antes tenían más bien la función de identificar objetos y colectivos con el rey, como señalar el barco del monarca", continúa. "Cuando la bandera pasa a identificar un colectivo es cuando empieza a tener una carga simbólica más fuerte y más emocional. La gente sigue necesitando identificarse con un grupo y la bandera es un símbolo enorme: es una forma sencilla de expresar una idea muy compleja."

Aunque las banderas comienzan a generalizarse en la Edad Media como una continuación de la heráldica –los emblemas de los nobles, por los que eran reconocidos, se convirtieron en representaciones de los territorios sobre los que gobernaban–, su origen es mucho más antiguo. "Los griegos no tenían enseñas", explica Óscar Martínez, traductor de la Iliada que acaba de publicar Héroes que miran a los ojos de los dioses (Edaf), una historia de la Grecia antigua. "Cuando Homero presenta a los ejércitos griego, no menciona ninguna bandera, tampoco por parte de los troyanos. Sin embargo, Jenofonte sí que describe que los persas llevaban banderas, sobre todo para identificar al rey".

En el caso de las legiones romanas, las insignias primero tenían como función facilitar los movimientos de tropas en el campo de batalla, pero al final acabaron siendo un elemento de identificación fundamental. "Una legión que perdía el águila se disolvía", explica Martínez. En Bizancio, los partidarios en las carreras de cuadrigas se dividían entre los azules y los verdes y la defensa de los colores eran tan salvaje que a veces derivaba en revueltas como la de Nika que provocó decenas de miles de muertos en el año 532.

Sin embargo, las banderas tal y como las conocemos y utilizamos ahora están relacionadas con el nacimiento de los Estados modernos. "Hay dos banderas fundamentales, que nacen de revoluciones de las que surgen Estados nacionales: la estadounidense y la francesa", explica Ruiz-Domènec."Son banderas que representan la voluntad popular", prosigue. "La bandera tricolor francesa simboliza la revolución que se eleva contra la Flor de Lis de la monarquía, mientras que la estadounidense encarna el nacimiento de un Estado durante la guerra de Independencia. Por eso son banderas incombustibles, con un peso muy profundo en el imaginario colectivo y que han tenido mucha influencia en banderas posteriores".

El cuadro de Eugene Delacroix La libertad guiando al pueblo se ha convertido en uno de los símbolos de la República Francesa: la libertad está encarnada en Marianne, que simboliza la patria, con la bandera tricolor en la mano. Las dos imágenes más famosas de la II Guerra Mundial también tienen que ver con banderas: la foto que tomó Joe Rosenthal en febrero de 1945 que mostraba a los marines alzando la bandera estadounidense en Iwo Jima, una de las batallas fundamentales en la derrota de Japón, y la que Yevgueni Jaldéi realizó, el 2 de mayo de 1945, a soldados del Ejército rojo alzando la bandera soviética sobre el Reichstag de Berlín en los estertores finales del nazismo. La película que se acaba de estrenar, El niño 44, relata la historia imaginada del protagonista de aquella foto, convertido en héroe de la URSS.

Uno de los grandes momentos de la transición española también tiene que ver con una bandera, cuando siete días después de su legalización y en medio de encendidas discusiones internas, el Partido Comunista tomó la decisión de mostrar la bandera española bicolor junto a la del PC en todos sus actos. En una rueda de prensa, el 17 de abril de 1977, el líder comunista Santiago Carrillo explicó ante una bandera roja y gualda: "En lo sucesivo la bandera con los colores oficiales del Estado figurará al lado de la bandera del Partido Comunista. Siendo una parte de ese Estado, la bandera de éste no puede ser monopolio de ninguna fracción política, y no podíamos abandonarla a los que quieren impedir el paso pacífico a la democracia".

Sin embargo, las banderas han marcado y marcan la vida política española, como avance social –la bandera del arcoíris el día del orgullo gay en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid– o como reivindicación nacionalista. Las guerras de banderas en Cataluña y el País Vasco por la presencia de la bandera nacional junto a las autonómicas han sido otra constante desde la transición. La UEFA acaba de expedientar al Barça por la exhibición de banderasesteladas –independentistas catalanas– durante la final de la Champions.

Casi 40 años después, la aparición de Pedro Sánchez en un acto político con una bandera como telón de fondo sigue despertando un interminable debate. "Carrillo tenía muy claro que no quería empezar una guerra de banderas", explica Ruiz-Domènec, quien reconoce que, a diferencia de lo que ocurre en muchos otros países europeos, "España no ha logrado convertir la bandera en un símbolo inclusivo". No sólo en Francia, Estados Unidos o Reino Unido con su célebre Union Jack: en Holanda –en el Día de la Rey, las calles se llenan de banderas nacionales o naranjas, el color simbólico del país–, Dinamarca –la bandera más antigua del mundo, que se remonta al siglo XVI– o en Italia –representación del nacimiento del país unido durante el Risorgimento– son símbolos que casi nadie discute.

José Manuel Erbez señala por su parte que "aunque se llegó a un compromiso sobre la bandera, hay una gran parte de la población que no termina de aceptarlo. Actualmente en las manifestaciones de izquierda es muy raro ver una bandera rojigualda". Su origen es, sin embargo, muy anterior al franquismo: surge en 1785, tras un concurso, como insignia distintiva en los barcos. Sus colores llamativos tenían un objetivo mucho más práctico que simbólico. "Antes era una bandera blanca con un escudo", explica José Manuel Erbez. "Era una decisión ante todo práctica, para que se distinguiese de lejos. Primero fue una bandera de la marina de guerra, pero luego empezó a ser usada por las unidades militares en tierra y acabó por convertirse en la insignia nacional".

1.12.14

Una de cada tres banderas de los países del mundo contiene símbolos religiosos


Un tercio de los 196 países que componen al mundo llevan símbolos religiosos en sus banderas, de acuerdo a un nuevo análisis realizado por Angelina Theodorou, asistente de investigación del Pew Research Center's Religion & Public Life Project.

De los 64 países que conservan símbolos religiosos en su bandera, el 48 por ciento de ellos son cristianos y 33 por ciento musulmanes, lo cual indica en el imaginario del mundo que estas dos religiones cruzan los continentes y se asientan como las más representativas de la historia del hombre.

Los símbolos cristianos se encuentran en 31 banderas nacionales de Europa, Asia Pacífico y América. La bandera del Reino Unido, por ejemplo, incluye las cruces de San Jorge, San Patricio y San Andrés. Algunos países de la Comunidad Británica conservan la “Union Jack” como parte de sus banderas como Fiji, Tuvalu, Australia y Nueva Zelanda.

España, Grecia, Noruega y República Dominicana están entre las banderas que incorporan símbolos cristianos.

Por lo que respecta a los símbolos islámicos, estos se encuentran en 21 países de la África subsahariana, Asia-Pacífico, el Medio Oriente y el norte de África.

En Bahréin, la bandera nacional se compone de cinco triángulos blancos que simbolizan los cinco pilares del islam. Argelia, Turquía, Brunei y Uzbekistán son algunos de los muchos países que incluyen la estrella islámica y la luna creciente en sus banderas.

Los símbolos religiosos budistas e hindúes aparecen en cinco banderas nacionales y en tres de estos casos aparecen los símbolos de las dos religiones, como lo es en Camboya, en Nepal y en la India. Israel es el único país con un símbolo judío en su bandera nacional, la Estrella de David.

Seis países tienen símbolos religiosos asociados a otras religiones en sus banderas. La japonesa, por ejemplo, incluye un “hinomaru”, un sol naciente que es el símbolo sintoísta del antiguo imperio japonés; Argentina y Uruguay incluyen en sus banderas el sol brillante de oro, representativo del dios-sol de los incas: Inti.

Y la bandera mexicana, con un águila devorando una serpiente, que es el símbolo del dios Huitzilopochtli de los aztecas.

Aleteia

23.6.08

Vuelve el toro

El toro regresa. Tal vez nunca se marchó, pero el caso es que ahora, espoleado por la Eurocopa de fútbol, el vuelve para auparse símbolo de la identidad nacional, independientemente de la Fiesta en la que comparte el protagonismo con el torero y en la que siempre sale derrotado.
Ya sea en el Campeonato del Mundo de motoclismo, la fórmula 1, los partidos del tenista Rafael Nadal o ahora el fútbol en el que esta noche la selección vuelve a jugarse el todo o nada, itinerantes por y estadios de todo el muestran orgullosos su con el toro negro como del anodino escudo que nada del carácter español y que reconoce fuera de nuestras fronteras.
"No cabe duda de que es así. Y es curioso porque no hemos hecho otra cosa que asimilar la idea extranjera que se tiene de nosotros. De que somos un país de fiesta, baile y toros", explica el investigador del CSIC Francisco Colom. "Yo diría que el toro en general, sino uno concreto, el toro bravo de Osborne, el que se ha convertido en símbolo de la identidad nacional. Es ya, indudablemente, parte del inconsciente colectivo", narra Jesús de Andrés, profesor de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
De Andrés, especialista en símbolos y memoria histórica del franquismo, indica que el toro empezó a aparecer en la bandera española hace 8 o 9 años, algo después de que Josep Borrell ordenase derribar las vallas publicitarias de todas las carreteras españolas y con el indulto de los toros los encumbrase como "especie protegida".
"En un principio fue la extrema derecha la que se apropió de él para sus manifestaciones. Era una estrategia para no exhibir el escudo constitucional, que siempre rechazaron, y tampoco el águila franquista sin renunciar a la bandera nacional. Luego fue la derecha más amplia la que se apropió del toro y se pudo ver en muchas de sus manifestaciones donde tampoco había lugar para el águila. Aún no terminaban de simpatizar con el escudo oficial", retoma los orígenes de su utilización como símbolo.
"Pero ahora el uso se ha extendido por una cuestión de merchandising. Ha perdido toda su carga política y ha desaparecido de las manifestaciones de los partidos. A mi juicio, lo que ahora sucede es una evolución muy concreta y emocional consecuencia de un proceso. Verlo tan presente en los espectáculos deportivos es una constatación de que ya no tiene esa carga política de hace unos años", resume Jesús de Andrés.
Para Colom, no deja de ser curioso que estemos recuperando una imagen de nosotros mismos que se nos impuso a principios del siglo XIX desde Francia y que luego se utilizó durante la Guerra Civil y el franquismo con el propósito de promoción turística y notable éxito. "Pero no nos ha ido tan mal. España sigue teniendo gracias al toro y otros símbolos una imagen exterior como reducto de la autenticidad que atrae a los turistas. Muchos otros países no pueden decir lo mismo" en cuanto a la posesión de un símbolo fácilmente identificable, relata desde Vancouver, donde comparte estos días espacio con investigadores de innumerables puntos del planeta.
Su memoria lleva las primeras imágenes del toro sobre la bandera española a las misiones militares del ejército español en países en guerra. Sucedía a mediados de los años 90, lejos de España y mucho más lejos de las plazas de toros, escenario natural de este animal autóctono. su juicio, la vinculación entre imagen del toro bravo y la fiesta de los toros, que ahora José Tomás vuelve a tomar relevancia en los medios de comunicación pero cuyo respaldo popular es decreciente a medida que pasan los años, es cada vez menor. "Vivimos en un mundo de mercadotecnia. El toro es ahora un símbolo de espíritu temperamental, de una forma de vida concreta. Nada que ver con el espectáculo taurino", del que la mayoría de las personas que exhiben la con el toro no ha participado nunca, opina Colom.
Y es que, aunque parezca extraño, cada año se suman más y más festejos taurinos en ciudades y pueblos de todo el territorio, a pesar de lo cual la ciudadanía muestra una lenta pero constante desafección por la fiesta. La última encuesta realizada por la empresa Gallup en el 2006 sobre el fenómeno señalaba que el 27% de los españoles se mostraba entonces interesado en las corridas de toros, mientras que un 72,3% no mostraba ninguna simpatía por ellas. El apoyo había decrecido con respecto a la realizada en el 2002, pero en cualquier caso dejaba al descubierto el escaso respaldo a las corridas y lo que entrañan.
El toro bravo, pues, como símbolo de identidad nacional al margen de su sentido original y su supervivencia como especie animal. (Los adeptos a las corridas suelen argumentar que, sin la Fiesta, el toro bravo desaparecería.) Y precisamente por el relieve simbólico que ha adquirido como representación de lo español, es también objeto del rechazo de quienes desde otras comunidades como Catalunya reivindican su propia identidad.
La última valla del toro bravo de Osborne que quedaba en la comunidad, concretamente en El Bruc (Barcelona), fue derribada en agosto del año pasado por una veintena de militantes del grupo Bandera Negra en una larga acción que ellos mismos denominaron en su reivindicación como "patriótica".
Los estudiosos tienen claro que el rechazo catalán al toro no es otra cosa que la lucha de un nacionalismo contra otro. "Cada comunidad tiene su contrasímbolo. En Catalunya es el burro. Por eso cuando el toro bravo de Osborne comienza a tomar protagonismo como símbolo es cuando algunos nacionalistas actúan derribando los carteles. Es una reacción de combate", dice De Andrés repasando las fechas en que se produjeron los actos vandálicos que echaron por tierra las últimas vallas a la vista de los automovilistas catalanes.
"También en buena parte de Sudamérica se abolieron las corridas de toros cuando se consiguió la independencia. Sucedió en Argentina, Chile y otros muchos lugares como forma de rechazo a las costumbres de la metrópoli", aporta Colom como explicación a la escasa adhesión que la imagen del toro rescata en la mayor parte de Catalunya. Otros países como México o Perú lo conservaron, pero rechazaron otros muchos símbolos españoles para afianzar su propia identidad recurriendo a las civilizaciones precolombinas.
No obstante, derribar vallas o desterrar algunas imágenes no sirve de mucho. "Los símbolos están vivos. Cambian con el tiempo. Además, su significado varía dependiendo de quién, cuándo y cómo lo utiliza. Ahora en los espectáculos deportivos se ha desprovisto de cualquier carga en el sentido político, por lo que nadie lo ve como una imposición", aporta Jesús de Andrés.
Colom añade que, en el caso del toro, su ascenso como símbolo tiene mucho de "generación espontánea". Parece claro que no hay nadie interesado detrás de la exhibición de estas banderas ni de que el toro sustituya al escudo coronado. Ni siquiera Osborne, la bodega cuya propiedad sobre la sombra del toro bravo que puebla las carreteras se le escapó de las manos hace muchos años. Los jueces tuvieron que decirles que sus toros forman ya parte del interés cultural de España.
Parte del paisaje y la memoria
Lo idearon como una simple marca comercial hace 51 años. Su diseñador, Manolo Prieto, tenía el encargo de promocionar el brandy Veterano de las Bodegas Osborne y optó por una imponente figura de un toro muchas veces calificado como testicular que debía retar a los automovilistas desde las laderas de las carreteras españolas. Explican los estudiosos del diseño gráfico que pronto se entendió que la figura creada por Prieto y su rápida extensión habían trascendido con mucho los propósitos iniciales de la marca. Ya en el año 1972 The New York Times Magazine utilizó como emblema de españolidad en una de sus portadas la imagen de ese toro recortada contra el cielo. Pocos tenían duda de hasta qué punto eran parte del paisaje español, pero una normativa de 1988 fue el catalizador para constatarlo. El entonces ministro de Obras Públicas, Josep Borrell, incluyó en la ley general de Carreteras la obligación de retirar todas las vallas publicitarias que había junto a las diferentes vías. Osborne optó entonces por suprimir las letras y dejar únicamente la silueta del toro. En 1994, otra vez, el gobierno trató de acabar con ellos por medio del reglamento de carreteras. Se desató entonces la campaña "Salvemos el toro". Ayuntamientos y comunidades lucharon y consiguieron que las siluetas fueran indultadas y consideradas como "un bien cultural". Posteriores sentencias sobre la propiedad intelectual de la silueta no han hecho más que enfatizar su carácter identitario para disgusto de los abogados de Osborne. Según los jueces, los más de 90 toros que aún quedan son mucho más que una marca.

La Vanguardia

13.5.08

Los símbolos en mi bandera (y lo que significan)

Un divertido artículo que ironiza sobre los símbolos y su significado.

The symbols on my flag (and what they mean)
by Jack Handey
The bra and panties stand for women’s rights.
Davy Crockett shaking hands with Daniel Boone symbolizes how we need to put aside our differences.
The skull and crossbones, in the lower right corner, stands for pirates, and all that they have given us.
The angel holding the sword represents how guns are nice but swords are more of a “heavenly” thing.
The plow with the four-leaf clover symbolizes the luck of the farmer.
The quicksand represents the travails of life. The hand sticking out of it is so you know it’s quicksand and not just a dirty spot on the flag.
The bat stands for eternal life, through our lord Dracula.
The sheaf of wheat symbolizes the bounty of the land, and the hope that soon more things will come in sheaves.
The parrot represents the need to communicate, even if it’s only squawks.
The tin of paprika stands for paprika, a spice I hope to learn more about.
The triskelion indicates that I know what a triskelion is.
The sun on the horizon makes you wonder, Is it rising or setting? And is it our sun or a weird invader sun? The five rays coming out of the sun symbolize the five times that I have had sex.
The big word “NO” refers to the boy running with the pair of scissors. If you look closer, you can see that he also has a pair of scissors sticking in his thigh and another in his belly. This symbolizes the need for kids not to run with scissors, especially if they’ve already been stuck by scissors.
The bulldozer pushing over the pine tree stands for progress. And the bluebird flying out of the tree symbolizes the way bluebirds fly off when you knock down their trees.
The rose stands for blood. So does the sparkling ruby. And so does the bucket with “Blood” written on the side. All hail Dracula!
The eagle, you will note, is the centerpiece of my flag. It symbolizes freedom. Also the ability to see far away, so you can spot somebody doing something fishy and get him locked up.
In his talon, the eagle is holding a clutch of arrows. This symbolizes the growing problem of Indian litterbugs. Wrapped around the eagle’s other talon is a big ball of fishing line, which represents my love of fishing.
The banner in the eagle’s beak, if you can’t read it, says “Courage, Valor, Dignity, ANTS!!”
It’s easy to tell what some of the symbols on my flag mean. The tweezers symbolize tweezing. The dog symbolizes doggies. Good boy! Good doggie! But the meaning of other symbols is not so clear, even to me. What does the T. rex stepping on the Martian mean? Perhaps scholars can figure it out.
My flag started out as nothing more than the word “NO” on a blank background and has evolved over the years. Recently, my friend Don told me that my flag had too many symbols, that it was “cluttered.” I wanted to punch him, but instead I ran out into the howling storm, fell on my knees, and railed against the night. “Why me, Lord?” I sobbed. “Why me?” Then I saw my flag, illuminated by my spotlight and my rotating Christmas color wheel, flying proudly above the tool shed. As the flag snapped in the wind, some of my symbols, which I guess I hadn’t sewn on too well, flew off like leaves. There were also some real leaves blowing by, but mostly it was symbols. And I thought, Maybe Don’s right. Maybe I do need to “thin out” my flag. So I wound up removing some of the symbols, leaving only the ones you see here today. If it’s still “cluttered,” then so be it. I would rather have a cluttered flag than one that has no meaning whatsoever.

The New Yorker