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7.11.10

AJUPEMUF tiene su bandera y contará con sede en calle Francisco Fondar


VICENTA DECCIA RIOS OBTUVO EL PRIMER PREMIO DEL CONCURSO PARA LA CREACION DE LA BANDERA DE LA ASOCIACION DE JUBILADOS MUNICIPALES

La Asociación de Jubilados y Pensionistas Municipales de Flores (AJUPEMUF) dio a conocer el fallo del jurado, correspondiente al Concurso de la Bandera de esta institución.

En conferencia de prensa cumplida en el salón de actos de la Intendencia con presencia de la Secretaria General de la Intendencia Mtra. Beatriz Ríos Ingold, directivos de AJUPEMUF –que es presidida por Raquel Martínez- pusieron en conocimiento del dictamen del jurado que estuvo integrado por la Prof. Cristina López Irazábal, el Artista Plástico William Ramírez, el Maestro Darío Garateguy y dos integrantes de AJUPEMUF.

El trabajo ganador del Concurso fue presentado con el seudónimo “Picaflor”, que corresponde a Vicenta Deccia Ríos, quien se hizo acreedora a la suma de $ 2.000.
El trabajo que logró el Segundo Premio fue presentado con el seudónimo “Cardenal” que pertenece a Héctor J. Mendaro, haciéndose acreedor a la suma de $ 1.000.
De acuerdo a las bases del concurso, para la confección del dibujo debía respetarse el logo de AJUPEMUF, incluidos sus colores, el cual fue creado por María José Lerena Hernández.

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Ecos Regionales

30.12.09

Los colores del país del ‘banderazo’

Abel Gilbert

A 50 años de la Revolución china, reza un mural en la calle Brandsen de esta ciudad. El tono ditirámbico de la leyenda ha sido corregido por otro autor anónimo. ¿Qué queda?, interrogó la mano escéptica. Las paredes de Montevideo respiran política. Hablan a través de sus consignas y sus colores.
Pero no solo los muros. La capital uruguaya se satura de símbolos: hay banderas por todas partes, una proliferación de estandartes que no deja resquicio sin ocupar. Banderas en las esquinas y balcones, flameando en las azoteas, cubriendo los automóviles, atadas a las antenas y a los cuellos de las personas, como capas de Superman, revistiendo mascotas. El lenguaje de la bandera es una declaración de pertenencia que, seguramente, viene del fútbol. Alguien es lo que sus insignias comunican.
Durante las campañas electorales o en la instancia final de un torneo este ejercicio sentimental involucra a buena parte de la sociedad. Hay apartamentos con diferentes banderas colgadas. Oficialistas y opositoras. Desde la calle se divisan las diferencias. En un extremo, la enseña del Frente Amplio (FA); más arriba, o abajo, las de los partidos Blanco y Colorado. Se estampa así sobre el frente del edificio una suerte de bricolaje ideológico. A veces la polémica se instala en una misma familia.
Pero, al parecer, nadie se molesta con la identidad del otro. Las banderas dan cuenta de un insólito ejercicio de tolerancia. En otras ciudades del continente correría la sangre.
Hay, claro, edificios sin señales. Esa desnudez responde a un desacuerdo entre los copropietarios. Nadie quiere soportar las preferencias electorales o deportivas del vecino. Ni siquiera se acepta la enseña creada por José Gervasio Artigas, el prócer nacional, y que incluye la frase Libertad o muerte.
También hay casos de risueña hegemonía. En el barrio Aguada, cerca del Congreso, un edificio completo fue decorado con los colores del FA. «Una ventana, una bandera», proclamaron sus inquilinos. Es tan potente el uso del «trapo», como le dicen a veces, que la fidelidad a una causa suele medirse por las dimensiones del emblema. En la reciente campaña electoral, el FA promovió los banderazos: masivas movilizaciones en las que cada manifestante agita su propio blasón. En el último acto previo a los comicios presidenciales que dieron ganador a su candidato, José Mujica, se presentó una bandera roja, azul y blanca de casi dos kilómetros. La habían realizado dos costureras sobre la base de donaciones de los frenteamplistas.
Peñarol y Nacional, los dos clubs de fútbol más importantes de Uruguay, son también conocidos por sus banderazos. Los convocan para celebrar una victoria, para protestar por el mal desempeño del equipo o para tareas filantrópicas.
El uso y abuso de la bandera define claramente a los uruguayos. Pero el pequeño país «que en el mapa no se ve», como dice una canción de los años 70 del grupo Los que Iban Cantando, no puede escaparse a las lógicas de la globalización. Ya circulan banderas de diversa calidad. Las de buena costura y aquellas que se desarman apenas el viento las sacude. Esas, dicen, son made in China.

El Periódico

2.3.08

¿Como era la bandera uruguaya en el año 1829?

Por Alberto Moroy
En 1825, un grupo de orientales y de otras provincias, llamados los Treinta y Tres Orientales, liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declaró la independencia del territorio oriental y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En el año 1826, las Provincias Unidas estaban envueltas en la Guerra con el Brasil.

El Almirantazgo inglés encomendó al capitán Phillip Parker King relevar la costa meridional de Sudamérica desde el Río de la Plata hasta Chiloé. Parten de Plymouth el "Adventure" capitaneado por King, la "Beagle" a cargo de Pringles Stokes y el "Hope" con Thomas Graves. King incorpora la goleta "adelaida" en Montevideo.
Alrededor de enero del año 1829, alguna de estas naves estaba en el puerto de Montevideo y un acuarelista inglés pintó con lujo de detalles lo que veía, con una técnica casi hiper realista. Se pueden observar claramente la actividad y el movimiento portuario de la época, las naves en la rada eran abundantes, las construcciones de ladrillos que ya tenía unos años, contrastaban con las de madera pegadas a la bahía, adelante un muelle de madera de generosas dimensiones que serviría de atracadero y rada.
En el medio de la Aduana ondeaba el Pabellón nacional. La primera bandera uruguaya fue creada en 1828-1830 y tenía 19 franjas. Su diseño fue modificado por Ley del 12 de Julio de 1830, dejando en el modelo definitivo nueve franjas horizontales, que se distribuyen, en cuatro azules y cinco blancas alternadas. La primera franja y la última son de color blanco. El dibujo del sol consiste en un círculo radiante, con cara, orlado de dieciséis rayos, con un diámetro de 11/15 del cuadro blanco.
La bandera que figura en la acuarela del año 1829 no comienza con una franja blanca ni termina con otra, sino que por el contrario comienza con azul y termina con azul (cinco azules y cuatro blancas). La forma del sol no se parece en nada al actual, ni tampoco al que figuraba en los patacones de las Provincias Unidas del año 1813. ¿Qué pasó en la transición desde 1828 a 1830? ¿Hubo otros diseños? ¿Se equivocó el acuarelista?

Diario El Avisador