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2.2.14

Por qué la bandera tricolor de la República «constituyó un grave error»



POR JAVIER NART

En este país, al que algunos nos empeñamos en seguir llamando España, se produce un fenómeno tan significativo como sorprendente: un símbolo que debería ser común, la bandera de España, se ha convertido en bandería entre los que exhiben con orgullo la rojigualda (derechistas) y los que exhiben la tricolor republicana (izquierdistas).

España es un viejo país, pero a diferencia de todas las naciones (incluso las más modernas), las manifestaciones denominadas «progresistas» se hacen bajo las banderas de los partidos, de las Comunidades Autónomas (aunque algunas inventadas ayer mismo)… o, en el mejor de los casos, con la tricolor republicana.

Así, exhibir la rojigualda resultaría «cosa de derechas»… no de todos los españoles. Al respecto, desde el exilio, un español escribió:

«La cuestión de la bandera es uno de los motivos que estúpidamente dividen a los españoles y que tiene su origen en la conducta mezquinamente partidaria de nuestros políticos.»

»El cambio de la Bandera hecho por la República constituyó un grave error:»

»1º.-Porque no respondía a una aspiración nacional ni siquiera popular. La Bandera Republicana era desconocida por la inmensa mayoría de los españoles.»

»2º.-Porque se reemplazaba una bandera nacional por una bandera partidaria y con ello se dividía a España.»

»3º.-Porque no era necesario y consecuentemente solo podía producir complicaciones como ha sucedido.»

»La bandera (rojigualda) que teníamos los españoles no era monárquica sino nacional. La bandera de los Borbones fue blanca; la bandera real era un guión morado.»

»En cambio la bandera bicolor como enseña nacional fue creada por las Cortes españolas en plena efusión de liberalismo, constitucionalismo y democracia. Se tomaron colores españoles que venía usando tradicionalmente la Marina de guerra que dieron tono a los guiones reales de los Reyes Católicos (rojo) y de Carlos I (amarillo); que eran también los colores de una enseña tradicional en Aragón, Cataluña y Valencia.»

»El pueblo no anhelaba incorporar a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla (...).»

»Los republicanos de la 1ª República quisieron introducir su bandera partidaria y crearon la bandera llamada republicana. Esta no llegó a tener estado oficial y ni siquiera se popularizó. Nació, según Castelar (último Presidente de la I República), en la Universidad de Barcelona, fundiendo tres colores de tres facultades. No pudo pues tener esa bandera un origen más arbitrario. Por eso no llegó a ser bandera oficial, ni nacional, ni popular. Los primeros republicanos, más sensatos que los segundos, no impusieron el cambio.»

»Ni inconmovible, ni imperdurable ni eterna es la bandera tricolor porque no ha nacido del pueblo sino de una minoría sectaria.»

»No crearon pues un símbolo nacional que ya estaba creado con ese carácter sino uno de lucha partidario, haciendo prevalecer a las ideas de Nación y Patria las de República.»

»Hoy los españoles están divididos en torno a dos banderas: tal es elfruto de aquel error (...).»

»Hay un manifiesto artificio. La injusticia de las persecuciones nada tiene que ver con los colores de la bandera de España. Algunos se apoderaron del grito de ¡Viva España! y se colgaron en sitio bien visible un crucifijo para proceder en nombre de Dios y no por eso los españoles debemos dejar de gritar ¡Viva España! ni los que sean católicos o sean protestantes deben renegar de la moral cristiana.»

Nuestros progres tildarán este texto de reaccionario o incluso fascistoide. Les aclararé quien es el autor: el que fuera Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República, condecorado con la Placa Laureada de Madrid (máxima distinción militar otorgada únicamente en cuatro ocasiones). Se trata del Teniente General Vicente Rojo. Un hombre honrado. Un militar ejemplar. Un español orgulloso de serlo y que en este artículo reflejó no solo su sentimiento sino su conocimiento de la realidad histórica.

Recordemos que la Constitución gaditana de 1812 (ese revolucionario texto que estableció la soberanía nacional, la igualdad entre los españoles y los principios básicos del Estado moderno) creó una unidad cívica para defenderla: la Milicia Nacional.

Constitución de Cádiz

Pues bien, la bandera de esa Milicia Nacional fue la rojiguada, 23 años antes que la estableciera el Decreto de Isabel II. Esa fue también la bandera nacional de la I República presidida, entre otros, por dos ilustres catalanes, Pi i Margall y Estanislao Figueras. Y con esa bandera se envolvió a su muerte el cuerpo de su tercer Presidente, Nicolás Salmerón… uno de los responsables, ¡¡lo que son las cosas!!, de Solidaridad Catalana.

El hecho nacional tiene un fuerte componente sentimental, incluso irracional. Así, sentimos como propios hechos ajenos tales como las victorias de Alonso en automovilismo (aunque no sepamos conducir) o de la «roja» (aunque no nos guste el fútbol).

No tengo un criterio idolátrico de la enseña nacional. Pero todas lassociedades precisan de símbolos de unión. Y por ello envidio profundamente el respeto que, por ejemplo, en el sur de Estados Unidos se tiene por su bandera (la de la barra y estrellas)… a la que sus antepasados combatieron en la terrible Guerra de Secesión.

Asombra el grado de analfabetismo histórico, de sectarismo primario, de ceguera política de nuestros próceres que estúpidamenteacomplejados desde 1975 por nuestra historia, bandera e himno, también tiraron por la borda los criterios básicos de comunidad civil: laeducación, la lengua y la bandera. Pero «con la bandera del color morado se efectuó la represión de Octubre de 1934. La bandera rojigualda es la bandera de España y España no son los reaccionarios», afirmó Santiago Carrillo el 23/4/77, Secretario General del PC, partido que fue el gran referente antifranquista (en realidad el único operativo).

El nacionalismo disgregador, digámoslo claramente, el separatismo, se fundamenta sobre tres pilares: «escuela, lengua y bandera». Palabras de Jordi Pujol de hace 30 años, no proféticas sino programáticas. Y de las que nadie se enteró o quiso enterarse.

Y, ¿qué quieren que les diga?, yo, como Azaña, como Vicente Rojo, como Juan Martín «el Empecinado», como Estanislao Figueres, como Unamuno, como Prieto y Besteiro, como tantos otros olvidados o no leídos, pienso y creo en una sociedad con todos, en una familia común que me empecino en seguir llamando España.

Y cuya bandera, no de la Monarquía ni de los reaccionarios, sino de los españoles, es la rojigualda.



22.4.12

La izquierda abertzale, de la 'guerra de banderas' a izar la tricolor

La decisión del Ayuntamiento de San Sebastián de izar, el pasado 14 de abril, la bandera tricolor en la balconada consistorial para conmemorar el 81 aniversario de la proclamación de la II República no ha dejado indiferente a nadie. «Suena a oportunismo y a escaso conocimiento de sus antecedentes históricos», opina el catedrático de Historia Contemporánea de la UPV José Luis de la Granja. «Es una manipulación histórica: la proclamación de la II República no significó nada en especial para el nacionalismo vasco, e incluso podría decirse que fue mucho más rácana con Euskadi que la monarquía democrática y constitucional», abunda el también historiador Santiago de Pablo, que recuerda que en esa etapa se cerraron más periódicos nacionalistas que en la contemporánea y que el Estatuto del 36 tardó seis años en llegar, frente a la relativa celeridad con que se pudo proclamar la Carta de Gernika cuarenta años después.

La controvertida iniciativa de la Corporación que lidera Juan Karlos Izagirre, de Bildu, sigue la estela de la retirada del retrato de Juan Carlos I del salón de plenos -una de las primeras decisiones que adoptó el equipo de gobierno-, aunque el regidor no ha tenido problema en mantener en las paredes consistoriales un enorme retrato de María Cristina, regente de España. La tradición monárquica de San Sebastián, lugar de veraneo de la corte española, es evidente, y, de hecho, la soberana da nombre al hotel con más solera de la capital y a uno de sus puentes sobre el Urumea.

Pero aún más llamativo resulta que sea la izquierda abertzale quien ordene izar la tricolor, símbolo de la II República... española. Porque el antiespañolismo sí es una constante en HB y en sus «precursores ideológicos», que tanto De la Granja como De Pablo identifican con el sector radical desgajado del PNV y liderado por Elías Gallastegi, conocido como 'jagis' por su impulso al semanario independentista 'Jagi-Jagi'.
Las autoridades republicanas pusieron no pocas trabas a la difusión de la publicación y el sector político aglutinado en torno a él fue «furibundo enemigo» de la República, según los historiadores consultados.

Una circunstancia que el PNV, en plena confrontación preelectoral con la izquierda abertzale, no ha dudado en aprovechar. El burukide Koldo Mediavilla ha ironizado en su blog sobre quienes «de la noche a la mañana» se han convertido «en republicanos españoles, con un par». El diputado en Madrid Josu Erkoreka, en el suyo, ha echado mano del libro de actas del ayuntamiento de su pueblo, Bermeo, para constatar que meses después de la proclamación de la República los electos fueron sustituidos por una gestora, acusados, entre otras cosas, de resistirse a colgar la enseña roja, amarilla y morada. El alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, ha recurrido al sarcasmo: «Al final los de Bildu van a ser más españolistas que yo». Hhasta hace unos años sectores radicales organizaban, cada Aste Nagusia, la 'guerra de las banderas' para protestar por la izada de la española. El pasado sábado, no una, sino dos -la constitucional por imperativo legal- ondearon en San Sebastián.

13.4.12

El origen daltónico de la bandera republicana

Este sábado se cumplen 81 años de la izada de la bandera tricolor republicana en el ayuntamiento de Éibar. A excepción de los cinco años que duró el régimen de la Segunda República en todo el país, la rojigualda ha sido la única enseña nacional, considerada como tal, que han tenido los españoles. La bandera de la Segunda República también habría sido roja y amarilla, si se hubiese acertado a representar correctamente en ella el color del pendón de Castilla, el rojo carmesí.
Si la actual bandera española, la misma que la anterior a la Segunda República, tiene sus franjas superior e inferior de color rojo carmesí, la enseña de la Segunda República no debió alterar el color de esa franja inferior, pues coincidía con el castellano. Los republicanos creyeron erróneamente que los colores de la enseña nacional representaban a la corona de Aragón, y pensaron que introduciendo el color morado en la enseña representarían así a Castilla.
La primera enseña nacional
Con la llegada de los borbones al trono español, la tradicional cruz de Borgoña roja sobre fondo blanco fue sustituida por un paño blanco con el escudo de armas de la recién llegada casa real. La enseña no se distinguía bien en alta mar de las que ondeaban en los barcos de otras naciones donde también reinaba la casa de Borbón, de manera que Carlos III convocó un concurso para cambiar la bandera que representaba a España en el mar.

De las doce propuestas que le presento al Rey su secretario de Estado y del Despacho Universal de la Marina, Frey Antonio Valdés y Fernández Bazán, Carlos III escogió dos para que ondeasen en los buques de guerra y mercantes. La actual bandera española es la misma que la elegida por el monarca en el Real decreto de 28 de mayo de 1785 para los buques de guerra.

Posteriormente, reinando Isabel II, la bandera rojigualda pasaría a ser de uso oficial por todas las unidades militares españolas. La Nación necesitaba una bandera en tierra. Según ha explicado a ABC la profesora de Historia de la Universidad Complutense de Madrid Margarita Márquez Padorno «los liberales aconsejaron a Isabel II que este país tenía que ser más estado que monarquía». En adelante, hasta la llegada de la Segunda República, los colores de la bandera española serían el rojo y el amarillo.

Una nueva bandera
Con la caída de la monarquía el 14 de abril de 1931 se hizo oficial la bandera tricolor que usaban los casinos republicanos. El decreto de aprobación del 27 de abril de 1931 interpretaba erroneamente los colores de la anterior enseña nacional, afirmando que representaban a la Corona de Aragón, y establecía la inclusión de Castilla como corazón del nuevo régimen a través de la nueva franja morada. «Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España», decía el decreto.
La profesora Margarita Márquez Padorno explica el origen de la franja morada que se añade a la bandera existente hasta entonces. «El Pacto de San Sebastián, que reunió el 17 de agosto de 1930 al movimiento republicano español, tomará de los Hijos de Padilla del Trienio liberal elcolor morado de la banda que utilizaban como símbolo. Además, algunos batallones del Ejército en Castilla ataban a sus banderas o estandartes corbatas o cintas moradas». Su colega en la Universidad Complutense, la profesora de Historia del Periodismo Mirta Núñez Díaz-Balart sitúa antes en el tiempo el referente del que toman los republicanos la franja morada. «El color morado es una reivindicación de los comuneros castellanos del siglo XVI, que fueron la voz del pueblo contra la tiranía del poder», afirma Mirta Núñez.

Pero, si en la Primera república se habían mantenido los colores de la única bandera que había conocido España, el rojo y el amarillo, ¿por qué los republicanos la cambian con la llegada de la Segunda? Dos pueden ser las razones: la ruptura con todo régimen anterior -incluido el de laPrimera República-, y la necesidad de reflejar en la bandera el «nervio» castellano de la nueva República.

«Los viejos republicanos de la I República estaban muy denostados por los nuevos. Los que no murieron en la mayor de las miserias, fueron posibilistas, como Emilio Castelar, que estaba en las Cortes de la Restauración monárquica», afirma Margarita Márquez Padorno. Por otra parte, la inclusión de la franja morada también pudo deberse a que «a los republicanos les faltaba la representación de Castilla en la bandera. Desde el 98, la reivindicación de Castilla como corazón de la regeneración española es muy importante. Los primeros republicanos de la Segunda República son muy españolistas, evocan mucho la España invertebrada de Ortega, aunque después no le hagan ni caso. El nexo de unión de la Nación es Castilla», explica la profesora Márquez Padorno.
La tricolor, hoy
Con el tiempo se popularizaría el uso del color violeta o púrpura en la franja inferior de las banderas republicanas. ¿Se trata sólo de un error de representación del «nervio» castellano de la Segunda República? En opinión de Márquez Padorno, «la idea republicana actual no tiene nada que ver con Castilla».

Puede que a los republicanos de hoy, sencillamente, les importe muy poco el significado de la bandera republicana que recogía el decreto de aprobación de la nueva enseña de 27 de abril de 1931. El presidente del Centro de Investigación y Estudios Republicanos (CIERE), Manuel Muela Martín-Buitrago, afirma que su organización no persigue «tanto que Castilla sea el núcleo unitario de España como que la fuerza motriz de cualquier cambio sea el estado unitario en sí, como recogen los valores republicanos franceses».
En opinión de la profesora Mirta Núñez Díaz-Balart, «la bandera republicana de hoy representa a toda España, no sólo a Castilla, y simboliza la insurrección popular contra el despotismo». Según Manuel Muela , la utilización del color violeta «puede deberse a cuestiones estéticas, o a la devaluación o el desconocimiento de los colores originales» de la bandera tricolor. De todas formas, añade Muela Martín-Buitrago «este tema no preocupa demasiado al movimiento republicano español de hoy en día».

ABC

4.11.08

El regreso de la bandera de Azaña


Un escolta del presidente republicano guardó la enseña durante 68 años

TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 04/11/2008

Hace hoy 68 años, de madrugada, murió en un hotel francés el presidente de la II República, Manuel Azaña. Lo hizo exiliado y casi acorralado, rodeado de algunos incondicionales como el escolta Juan Gregory de Valdés, que montaba guardia a la puerta de su habitación para defenderle frente a una hipotética detención o secuestro. En aquellos días finales, Azaña sufrió constantes afrentas, aunque la última la recibió cuando ya nada le importaba. Ya había muerto.

Espoleado por las autoridades franquistas, el Gobierno colaboracionista del mariscal Pétain prohibió que su ataúd recorriese las calles de Montauban envuelto en la bandera republicana y que se le rindiesen honores públicos. Así que su féretro fue cubierto por una bandera de México -el país que le arropó en sus horas de exilio- para impedir que lo hiciese con el emblema franquista. Las órdenes de Pétain se cumplieron sólo en parte. Azaña tuvo su bandera republicana en el hotel Midi. Y después. "Cuando llegaron al cementerio, le quitaron la bandera mexicana y le pusieron la republicana", contó ayer Linda Gregory, la hija del escolta que conservó aquella tricolor desde entonces, la misma que ayer entregó al ministro de Cultura, César Antonio Molina, y que ahora será depositada en el Centro de la Memoria Histórica de Salamanca.

La familia Gregory guardó la insignia durante estos 68 años. A veces Juan, el oficial republicano que escoltó a Azaña y que murió en 2001, la ondeaba desde el balcón y avergonzaba a sus hijos hasta que descubrieron el significado. "La guerra de tus padres pesa mucho en la vida de los hijos", confesó Linda Gregory, que creció creyendo que Manuel Azaña era alguien de la familia. "Desde pequeña iba todos los años a limpiar y poner flores en la tumba del presidente, igual que hacíamos con la de otros familiares, no me daba cuenta de lo importante que era", relató. En abril de 2006, Ricardo Gregory, otro de los hijos de Juan, escribió al Gobierno español para ofrecerle la enseña simbólica, que finalmente ayer recibió el ministro de Cultura entre algunos vivas a la República de asistentes.

Aunque en las dos únicas fotografías que se conservan del funeral de Azaña no se observa ninguna bandera, el historiador Santos Juliá apuntala "las tradiciones orales" que defienden que el féretro fue cubierto por la mexicana por las calles y, durante breves instantes, por la de la II República. Juliá, que está dando el toque final a su nuevo libro, Vida y tiempo de Manuel Azaña, sostiene que las autoridades franquistas, que vieron rechazada su solicitud de extradición, "no se habrían atrevido a realizar una operación clandestina" para secuestrar a Azaña. Lo que sí hizo Pétain fue vetar la bandera, la misma que ayer volvió a España.

El País