19.6.14

Ciudad Real, según ignorado privilegio, mostraba los pendones de la coronación de los reyes en las bóvedas de Santa María del Prado

José Golderos Vicario

Desde épocas aún anteriores a los Austrias y los Borbones, Ciudad Real gozaba del privilegio de proclamar a los reyes, paseando por sus calles y plazas el pendón real del correspondiente monarca que subía al trono, ignorando nosotros a que costumbre o ceremonia era debida esta tradición, concedida por la Corona a nuestra ciudad, condicionado quizá por ser “ciudad de fundación realenga”. Así, en virtud de lo destacado a través de las crónicas locales sabemos algunos datos, por escritos y tradición oral, pero sin el respaldo científico necesario.

No obstante, los actos públicos asumían particular importancia, tal como las honras fúnebres por reyes y príncipes, como los de Isabel I de Castilla, o Don Fernando en el siglo XVI. Las ceremonias de proclamación constituían para los ciudarrealeños una ocasión, al asistir en la iglesia de Santa María “la Mayor” al dicho acto. Sabemos que nuestro Ayuntamiento recogía la ceremonia detallada de la proclamación del rey Felipe V (que consta en los archivos municipales recogidos por sus escribanos). En Ciudad Real, como en algunos concejos, existía la figura del “alférez” desde la Edad Media. El dicho cargo tuvo unas grandes consideraciones para la época, tal como ocupar un lugar preferente en los cabildos, y sobre todo, el honor de ondear el pendón de la ciudad en las proclamaciones de los reyes y dar el grito ritual de “Castilla, Castilla, Castilla, por la Católica y Real Majestad; Dios guarde y prospere muchos años…”, respondiendo autoridades y público: “Viva, viva, viva; amén, amén, amén”(sic).

En una ocasión fue Francisco Velarde y Bermúdez al que correspondió tremolar el pendón o estandarte real, que lucían las armas de S. M. y las de la ciudad ”… que fue guiado a la parroquia de Santa María, donde el vicario y dignidades recibieron el pendón Real, que el alguacil recogió y prometió depositarlo y exhibirlo, según la tradicional costumbre en las bóvedas del templo. Así fue el ritual de la proclamación de Felipe V.
En nuestra ciudad hubo también un “corregidor”, equivalente a la representación de gobernador, es decir, “los ojos y oídos del rey”. Este personaje fue figura muy principal del municipio como un primer paso para conseguir la capitalidad, sumando a ello el establecimiento en la ciudad de la tesorería y contaduría de millones en tiempos de Carlos II.

Durante el s. XVIII la ciudad solicitó una Real cédula a Carlos III, que S. M. envió con data del 15 de febrero de 1761, casi recién subido al trono de España. La dicha cédula recogía las pruebas aportadas por Ciudad Real, y por los servicios prestados a la Corona desde siglos atrás. Ciudad Real lucho denodadamente por recuperar la capitalidad anteriormente arrebatado por Almagro durante once años. Nuestra ciudad gozó de favores de Carlos III.

Sabemos que, en la parroquia de Santa María, decía Clemente Domingo en la Guía de Ciudad Real de 1869 “…en las bóvedas del templo parroquial figuran hoy los estandartes que sirven en las proclamaciones de los Reyes, habiéndose reunido algunas veces hasta seis. No se sabe en virtud de qué privilegio deben fijarse allí, pero es lo cierto que apenas se ha verificado la proclamación, se hace estrega formal de los estandartes en esta iglesia…” (sic).

Cuando la proclamación de Carlos IV, en 1789, el corregidor solicitó de Vicente Maldonado y Mendoza, ser portador del pendón Real como alguacil mayor de Ciudad Real, pero el Ayuntamiento se opuso porque carecía del título de alférez. Y entonces, rey concedió el honor de portar el pendón a don Vicente “…en mi nombre, como alférez mayor de Ciudad Real…”

Si esta curiosa ceremonia de la proclamación de los reyes, cuyos datos hemos contribuido a dar a conocer, de haber persistido hasta hoy, tras la próxima coronación de Felipe VI, habría de colgarse en las bóvedas de nuestra Santa Iglesia Prioral Basílica Catedral, el correspondiente pendón del nuevo soberano de España. No obstante, aquí dejamos los datos, recogjdos cuasi inéditos en la historia de Ciudad Real.
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