17.10.08

Barras y coronas

VICENT SOLER El patriotismo valenciano de doña Rita Barberá parece ser de cartón piedra, como el patriotismo español de su jefe de filas, don Mariano Rajoy. Ambos suelen utilizar los sentimientos sinceros de mucha gente de manera partidista, sin convicción alguna. En cuestión de identidades -y de valores morales- hay mucho de pantomima y de hipocresía en la derecha de estos pagos.
A don Mariano se le han caído los palos del sombrajo por un mero despiste microfónico. A doña Rita se le nota su falta de convicción por un tema mucho más trascendente, por su contumacia en no utilizar la seña de identidad más preciada que tenemos, la lengua valenciana, después de tantos años de alcaldesa del cap i casal.
Lo que más duele es que ambos utilizan los sentimientos identitarios -y de valores, en general- para excluir, no para integrar, con la complicidad de la extrema derecha. En Madrid, por ejemplo, en el desfile militar del 12 de octubre, se le silbó al presidente Rodríguez Zapatero y no al señor Rajoy que había proferido lo del coñazo (de desfile), porque se sobreentiende que aquel desfile es sólo para los buenos españoles, como los que representa -a pesar de todo-el presidente del PP, y no para los otros, para los que quieren romper España, cuya mera presencia es toda una provocación.
En Valencia, la alcaldesa Barberá entiende también que la procesión de la Senyera del 9 d´Octubre es exclusivamente para los buenos valencianos, incluidos los de extrema derecha, y no para los otros valencianos, los cuales, hagan lo que hagan (a veces, es verdad, hacen cosas con muy poca gracia), los tilda de provocadores sin más.
El tema es especialmente delicado cuando estamos asistiendo al hecho extraordinariamente positivo de constatar un creciente consenso en aceptar que la bandera de ciudad de Valencia es la senyera coronada, la que se pasea ese 9 d´Octubre. Hasta los independentistas más exagerados la están haciendo suya.
Un hecho que, sin duda alguna, alegra a todos los que buscan símbolos de concordia entre los valencianos pero que pone de los nervios, por lo que se ve, a los partidarios de continuar la confrontación civil que, en todo caso, es extraordinariamente lesiva para nuestros intereses colectivos.
Porque, hoy por hoy, lo que más necesitamos los valencianos y las valencianas es unidad y cohesión civil para transitar con más tranquilidad por estos tiempos de mundialización turbulenta que vivimos.
Acaba de publicarse un libro que expresa con nitidez este estado de la situación. Se trata de Barres i corones. La bandera de la ciutat de València (segles XIV-XIX) (ed. Afers, 2008) del historiador Pau Viciano. Aquí el autor confiesa que la relajación política sobre el tema ha permitido una investigación científica más sosegada y profunda.
Sus conclusiones son claras: es muy difícil documentar antes del siglo XIX, concretamente antes de 1876, que la senyera coronada con franja azul sea la bandera de la ciudad de Valencia. Sin embargo -y aquí está lo más significativo-, el mismo autor no cuestiona en absoluto la aceptación generalizada de la misma como bandera de la ciudad de Valencia en el momento actual.
Dice más, dice textualmente (p. 79): «Davant l´estat -diguem-ho així- d´emergència civil que viu el País Valencià, aquestes qüestions vexil·lològiques no haurien de consumir massa energies i caldrà acceptar alguna mena de coexistència simbòlica. Però, per totes bandes».
Ojalá nos equivoquemos con la alcaldesa Barberá, pero creemos sinceramente que quien, haciendo ostentación de valencianía, se preocupa de los temas más banales y no trabaja por recuperar los elementos fundamentales de la identidad valenciana -en estos momentos de emergencia civil-, poniéndolos al servicio de la integración y de la cohesión social, más bien practica un patriotismo de cartón piedra, postizo. El que sólo sirve para desgastar al rival y no para construir el país de los valencianos y las valencianas.

Levante

1 comentario:

Dissortat dijo...

Pau Viciano, endavant! I tot i que ens coneguem, no et puc dir qui soc. Una abraçada!!!